Domingo 27 de mayo del 2012 | 19°
Desde que Velasco tuvo la desastrosa idea de mandar a todo el agro peruano –donde estaban los principales contribuyentes de antaño– a la precariedad e informalidad en un solo y brutal acto, nuestro país ha cargado con un sector informal que ha ido inexorablemente aumentado. Hoy representa las dos terceras partes de la economía, somos el cuarto país más informal a nivel mundial. Esto último significa que el sector formal no es más que un ghetto, donde están los pocos contribuyentes que aún quedamos así como los burócratas y congresistas a quienes, con nuestros impuestos, les pagamos el salario. Mientras la inmensa mayoría de peruanos vive y trabaja del otro lado. Por otra parte, si bien en muchos casos la informalidad es la única manera que la iniciativa individual puede progresar ante los obstáculos innecesarios que el Estado ha levantado, también es innegable que trae como consecuencia un bajo nivel de productividad, abuso laboral, competencia desleal y corrupción estatal. Sin embargo, sucesivos gobiernos, incluyendo el actual, no parecen tomar eso en serio y ni siquiera están enterados de la existencia de un problema tan dramático, haciendo todo lo posible para incentivar aún más el crecimiento de la informalidad. Así tenemos que las altas tasas de impuestos, el exceso de requisitos burocráticos, los asfixiantes sobrecostos laborales y un nivel de corrupción galopante son algunas de las causas de la informalidad y en todas ellas la situación se ha ido deteriorando año tras año. Incluso, el primer acto del gobierno de Humala ha sido el aumento del salario mínimo vital con lo cual va a enviar sin escalas al sector informal al pequeño porcentaje de la planilla que estaban formalizando contados micro empresarios. Ahora con la ampliación de la brecha a favor del informal ya no podrán competir y solo les quedará dar marcha atrás. Más aun, todos hablan como disco rayado de la 'inclusión social’ pero lo más excluyente en nuestra sociedad es la legislación laboral que tanto defiende la prehistórica cúpula sindical. Es un hecho que la única manera de poder salir de la pobreza es tener un empleo decente y bien remunerado, lo cual en la actualidad le está negado al 70 por ciento de los peruanos que sufren de una maraña legal construida para proteger a una minoría de privilegiados. Por ello, sin una profunda reforma laboral, de poco sirve aumentar el gasto social.