Domingo 27 de mayo del 2012 | 20°
En nuestro régimen político de tipo presidencial, la evolución de la aprobación popular a la gestión del presidente y del gobierno es un elemento importante a considerar, pues refleja la percepción social frente a lo que se viene haciendo. La opinión del pueblo tiene que ser tomada en cuenta en una democracia, ya que indica el nivel de satisfacción o de rechazo al gobierno o al orden de cosas existente. El presidente García sigue sin querer entender por qué, si la economía ha crecido sostenidamente varios años y se disfruta (según declara) de una bonanza de inversiones y de ingresos fiscales, su popularidad sigue cayendo. Que lo que digan las encuestas no importa es algo que no se le puede creer a un político. También el gobierno de Toledo, a pesar de los buenos indicadores macroeconómicos y crecimiento, padeció lo mismo. Una conclusión clara es que el crecimiento económico, por sí solo, no basta ni satisface, cuando las grandes ganancias se las llevan unos pocos y no hay mayor redistribución de ingresos ni mejora para la mayoría, cuyas expectativas se acrecientan ante el alarde gubernamental de una prosperidad de la que no participan. No es casual que los mejores niveles de aprobación al presidente se den en los sectores sociales más altos, que son los menos y tradicionalmente fueron adversos al Apra. Cambiar de orientación y prioridades entregándose al neoliberalismo económico, que con razón es resistido por los sectores mayoritarios, tiene sus costos políticos. Basta ver quiénes son los principales aliados y defensores del gobierno. Cierto es que el respaldo electoral original del presidente García era 25% y que siempre ha existido un fuerte antiaprismo, que aglutina a distintos sectores. Pero su política económica, los ademanes autoritarios y soberbios, el empeño desmesurado por lograr el apoyo de los poderosos, contrasta con el de-sinterés en vincularse a los sectores populares y temas sociales. Los tiempos difíciles que empiezan en la economía internacional reducirán el crecimiento interno y los ingresos, ¿cómo lo afrontará el gobierno? Si cuando hubo recursos no se benefició a la mayoría, ante el previsible incremento de las demandas sociales no funcionará firmar acuerdos para cortar conflictos y, luego, incumplirlos. La desaprobación presidencial puede seguir creciendo, al igual que la polarización social, fortaleciendo propuestas autoritarias y antidemocráticas desde ambos lados del espectro político. El presidente y su gobierno tienen responsabilidad en lo que ha venido pasando y en lo que pueda suceder. Deberían corregir su modelo económico y estilo político.