Política | Dom. 14 jun '09

Incompetentes

Autor: Pedro Salinas
Incompetente ha sido el presidente del Congreso, Javier Velásquez Quesquén, graduado de summa cum laude en cinismo porque, para quienes ya lo olvidaron, fue el causante de dejar crecer la bola de nieve al comprometerse con los indígenas, con halagos envenenados, en agosto de 2008, a formar una comisión multipartidaria para analizar los cuestionados decretos promulgados por el Ejecutivo, para luego debatirlos en el Pleno. Ese fue su compromiso.

Pero ese compromiso no solo no lo cumplió, sino que, muy vivo él, pensó que podía distraer al personal y meció ad infinitum a los representantes de los nativos, exasperándolos hasta la indignación y la rabia, a lo Michael Douglas en Un día de furia. Incompetente e irresponsable ha sido el fugado Alberto Pizango, el apu de Aidesep, el de las ideas con curare, por reclamar una plataforma intransigente, que iba desde la derogatoria de los decretos legislativos, pasando por obtener territorialidad y libre determinación, hasta incluso pretender reformar la Constitución. Y desde sus argumentos (o lo que sea eso) nos quiso vender entrelíneas un separatismo con chaveta y de camisa remangada.

Incompetente y candelejón ha sido el premier Yehude Simon, quien pese a su talante dialogante, fue incapaz de comunicar y difundir los beneficios y bondades de los decretos y abrirse a la posibilidad de modificarlos. Incompetente y ciego y atrabilioso ha sido el presidente Alan García, porque con la seguridad de un cátaro ha demostrado no tener una puñetera idea y ningún respeto ante las culturas amazónicas. Peor todavía. Solo ha visto desde su arrogancia complots y conspiraciones extranjeras, coaliciones de narcos y terroristas, hordas salvajes e ignorantes de chunchos con tocados de plumas, eludiendo así la naturaleza real de la rebelión, que tiene que ver con la exclusión histórica de comunidades que están abandonadas a su suerte, y por las que el Estado, hasta el día de hoy, jamás ha movido un dedo.

Incompetente y oportunista ha sido el ex presidente Alejandro Toledo, maestro en el sofisma y que resucita con música del Grupo 5 y le achaca al Gobierno debilidades que él mismo encarnó durante su gestión.

Incompetente y patosa ha sido la ministra Mercedes Cabanillas, quien se ha vuelto una experta en evadir responsabilidades y se ha convertido en la reina de la inacción. Imperdonable, además, como informó El Comercio, que habiendo notas de Inteligencia que advertían sobre la situación insostenible a la que se enfrentaban los policías en Bagua, la ministra del Interior ni siquiera les dedicó un segundo para revisarlas. Ni uno. Pero ahí está la tía Meche, bien 'pancha’, atornillada a su silla, sin ninguna intención de renunciar, con el sello obsceno del descaro tatuado en el rostro.

Incompetentes y tarambanas, no faltaba más, han sido (y lo siguen siendo) Ollanta Humala y sus acólitos, quienes entraron a azuzar el fuego con el propósito de obtener réditos políticos y personales. Entre estos, por cierto, destacó la congresista Cajahuanca, que no es moco de pavo y jadea por los ojos, la que, simulando pericias que no tenía, se dedicó con poca vergüenza más tarde a echar fósforos prendidos donde había charcos de bencina, apelando a la misma demagogia que emplea en su casa para mantener a las moscas adheridas a la cinta adhesiva.

Y así, entre una cosa y la otra, incompetentes han sido todos aquellos cabezas de corcho que, con sus videos tremendistas, sus evangelios según Rambo, sus torquemadas de papel, sus caprichos de mentecato, quieren empujar al país hacia el abismo a lomos de la inestabilidad que camina a paso de ganso. Porque más fácil va a resultar armar un rompecabezas de cinco mil piezas de la catedral de Notre Dame, que resolver un problema ancestral que nuestros políticos indiferentes ni conocen ni les importa.

Posdata: Los ex legisladores Natale Amprimo y José Luis Delgado, mencionados en mi anterior columna, me comentaron que es absolutamente falsa la versión que los vincula a la toma de Panamericana Televisión. Les creo, y mil disculpas por el desliz.


Cerrar