Domingo 27 de mayo del 2012 | 20°
La improvisación con que se maneja el sector Interior pasó de nuevo factura y trajo la primera crisis para el nuevo gabinete. ¡Ni siquiera sabían que Hernani y Salazar eran como el agua y el aceite! Recién se dieron cuenta cuando Hernani decidió sacarlo, atribuyéndole responsabilidades muy graves, entre otras, la negligencia que permitió la fuga de León Alegría y responsabilidad directa en el 'Moqueguazo’. (Esto último, de acuerdo con el informe de la Inspectoría de la Policía). Más allá de que haya cometido el error de sacar a la luz pública sus críticas a Salazar y reclamar en los medios que dé un paso al costado, darle la razón al ministro en su conflicto con el director general es un asunto de principios y también de sentido común. Por más importante que sea el director de la PNP, es eso, un director general del ministerio y ocupa un rango equivalente al de Migraciones, Inteligencia, Gobierno Interior, Dicscamec y Defensa Nacional. Su nombramiento es por resolución suprema y, por tanto, firma también el presidente –quien además es Jefe Supremo de las Fuerzas Amadas y de la PNP– pero, como es obvio, responde al ministro en la vida cotidiana y tiene que ser una persona de su entera confianza. Es totalmente inadmisible que un director general desafíe a un ministro porque tiene apoyo presidencial (menos todavía del premier, que ninguna vela tiene en el entierro). Si el presidente no quiere a ese ministro, pues nombra a otro, pero no se puede permitir una situación de poder dual que hace imposible una gestión seria. No es la primera vez que esto ocurre en Interior (o en Defensa) y parte de la consolidación de la vida democrática pasa por la subordinación a las autoridades políticas de los que visten uniforme. Ahora bien, más allá de los criterios generales esbozados, ya específicamente la decisión de Hernani puede leerse de diversas maneras. Podría ser el caso de un ministro dispuesto a poner en práctica nuevas políticas y que para ello requiere poner gente que le dé viabilidad a su visión del sector; pero, también, podría ser algo mucho más trivial: un ministro policía que no puede sustraerse a las broncas y viejas rivalidades interpoliciales y hasta entre grupos y promociones de la ex PIP. De ser lo segundo, que es lo que muchos temen, el ministerio agregará a la incompetencia del previo ministro, el ser un precario escenario de feroces batallas de todos contra todos. Al final, en otra muestra más de improvisación, a Salazar lo han pasado a situación de disponibilidad y adscrito a Palacio de Gobierno. Eso es ilegal. La ley es taxativa: cuando se designe como director general a un oficial de menor antigüedad, el pase a la situación de retiro por renovación se produce de forma extraordinaria e inmediata. (Art 50, Ley 28857). Tendrán que enmendar la nueva metida de pata, pero ocupémonos del mensaje político que la fórmula encerraba. A saber, que Salazar quedaría bajo la protección de Alan, en Palacio, sea para regresar al cargo o, por qué no, al propio ministerio. Por allí que los plazos que tienen en mente son mucho más cortos de lo que se cree y Salazar ya ha pedido cita al doctor Pun para que le pueda quedar el fajín. Entre tanto, la situación desmejora cada día que pasa en todos los frentes de la seguridad. Lo de Sicuani, el viernes, no ha sido nada para la broma.