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Huaico avisado

2010/01/29
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Últimamente pareciera que la naturaleza anda bastante cabreada con la humanidad. A nosotros, esta locura nos ha golpeado fuerte convirtiendo a Machu Picchu en una trampa que tiene secuestrados a viajeros y lugareños. La situación es apocalíptica y, atrapados en Aguas Calientes más de 1,500 turistas, les cuentan a los medios de comunicación de todo el planeta que una botella de agua puede costar 10 soles, que hacen largas colas por un plato de arroz y que duermen a la intemperie, rezando para que un huaico no los sepulte. Al natural terror que producen las aguas furiosas se suma la inoperancia de un Estado que se ha visto desbordado por una realidad extrema. Pero vamos, nada de lo que ocurre en estos momentos es producto de la furia de los dioses. Nosotros mismos hemos levantado ciudades en las quebradas, hemos desafiado el cauce natural del agua y, cuando la naturaleza busca sus mecanismos para equilibrarse, es bloqueada por una pila de obstáculos colocada allí por los que, se supone, somos los seres más inteligentes de este planeta. Si bien Machu Picchu no es la única zona devastada por las lluvias, y hay muchos peruanos anónimos y desamparados sufriendo, sí resulta emblemático que ni siquiera seamos capaces de hacer las cosas bien cuando de proteger a la gallina de huevos de oro se trata. Atraídos por Machu Picchu llegan diariamente más de 2,500 turistas al santuario. Ellos vienen a gastar su plata y a convertirse en una de las fuentes de ingreso más atractivas para nuestra economía. Sin embargo, lejos de ofrecerles un buen servicio, los hemos estafado metiéndolos a la boca de lobo. Me explico: leyendo la primera edición de la revista Poder, encuentro un revelador artículo, “El Machu Picchu del futuro” (http://ir.pe/1blg), en el que se detalla que la Cámara de Turismo de Cusco (Cartuc) tiene elaborado un proyecto, ya hace varios años, que plantea cuatro rutas alternativas de entrada al famoso santuario de los incas. Con este planteamiento, el Cartuc ha estado intentando no solo aumentar el atractivo y la oferta turística de la zona, sino, y sobre todo, mitigar las deficiencias del acceso que hace tiempo están generando insatisfacciones en los visitantes. Resulta revelador que la mismísima Mercedes Aráoz, entonces ministra de Comercio Exterior y Turismo, haya declarado para el reportaje que, por recomendación de la Unesco, había que resolver lo de la única entrada por Aguas Calientes porque resultaba riesgosísima. “Es un acceso muy desordenado, que está congestionado y que tiene problemas de huaicos”, Aráoz dixit. Ha pasado el tiempo y, sin embargo, hemos sido incapaces de impulsar una sola de estas iniciativas que, en algunos casos, solo requerían la construcción de 30 kilómetros de carretera. La inoperancia de nuestro Estado ha sido tal que esta vez nos va a costar no solo una pésima reputación como destino turístico y millones de dólares en pérdidas, sino también miles de viajeros aterrados que no le recomendarán visitarnos ni a su peor enemigo.