Domingo 27 de mayo del 2012 | 20°
Siempre he pensado que los apellidos deberían cumplir una función más allá de la simple diferenciación entre los seres humanos. Imagínense que yo me hubiera llamado Ricardo Escudo. Me sentiría protegido contra cualquier insidia de las que nunca faltan en el periodismo. O que mi nombre fuera Ricardo Condón, como el doctor Condom, inventor del preservativo. No me andaría con remilgos a la hora del amor. Por eso envidio realmente a Marco Parra, el teniente alcalde de Lima. Desde que Adán y Eva se cubrieron con la famosa hoja, don Marco está vacunado contra la vergüenza. Y eso, qué duda cabe, es un privilegio que no cualquier político puede exhibir. Mis “recuerdos de Parra” empiezan en la campaña electoral de 2006. Él postulaba a congresista por Unidad Nacional. Una noche lo vi en la televisión con una velita misionera y un atajo de viejitas en chancletas frente a Canal 5. Estaba ahí parado, con su peinadito de niño bueno y su carita de niño malo, en una “vigilia por la paz”. Creo que protestaba con su velita por los exabruptos del viejo y belicoso papá de Humala. El espectáculo era tan gracioso que parecía Juan Gabriel en el video de “Querida”. Solo le faltaba su chompita roja. Entonces me dije: ¡Dios! ¡Sí que tiene pelotas este hombre! ¡Hacer el ridículo le importa un bledo! Luego, ya con García de presidente electo, en una comida de empresarios golosos, no pude dejar de prestar atención al chisme. Dos rollizos banqueros, cuyos nombres no puedo acordarme, hacían las cuentas del debe y el haber de la campaña. Entre carcajadas los chismosos contaban cómo el teniente alcalde se había presentado a pedirles fondos para su campaña: ¡Están ante el futuro presidente del Congreso!, decían que dijo sin rubor alguno. ¡Y ni siquiera salió congresista!, se desparramaban de risa los dos gordos del billetón. Pero lo que estos no sabían era que a Parra sus risas le habrían llegado altamente, porque al teniente alcalde la bendita hoja lo ha vacunado contra el papelón. Más adelante, en un vernissage, dos viejas pericas, con unas copitas encima, que decían trabajar en la Municipalidad de Surco, se atoraban de la indignación porque el teniente alcalde se había aparecido en una sesión de concejo a gestionar no sé que intereses. Qué malhabladas son ustedes, les increpé. ¿Qué tiene que ver Parra en Surco? Nada, seguro. Y las dejé odiándome. Pero ahora veo, leyendo la prensa, que al teniente alcalde lo acusan de tener un montón de intereses en varios municipios. Que la empresa Corporación Ingeniería y Desarrollo, ganadora de licitaciones por diez millones en las alcaldías de Solidaridad Nacional, el partido de Parra, estaría vinculada con él. El alcalde de Lima ha articulado dos palabras en su defensa. En realidad el teniente alcalde no las necesita. La hoja de parra es el mejor abrigo para su desnudez.