Domingo 27 de mayo del 2012 | 20°
Sucedió en víspera de Fiestas en el parque, frente a mi casa. Como todas las tardes paseaba yo a mis perros y como todas las tardes un grupo de mozalbetes en skate se afanaba en despostillar con sus maniobras las losetas de la hermosa pérgola con que la municipalidad de Surco premió a los vecinos del parque Pampa de la Quinua, en un concurso de áreas verdes. Como nunca el serenazgo acudió. Tras una breve resistencia los muchachos partieron. Ya en mi casa y feliz por esta inesperada epifanía de autoridad municipal, se me ocurrió salir a mi balcón a contemplar el parque libre de vándalos. Mejor no hubiera visto nada. En la misma pérgola un tropel de skaters la horadaba. La indignación me hizo correr a poner fin por mí mismo a ese desacato. Me llevé la sorpresa de mi vida. Estaba explicando yo a estos nuevos destructores ajenos al vecindario que el serenazgo acababa de estar allí, cuando me llegó una respuesta brutal: ¡Y a mí que me importa, tío! ¡No jodas! Aunque siempre suelo estar preparado para lo inesperado, confieso que semejante insolencia de un mocoso de 14 años excedía cualquier presunción. ¡El parque es público!, me espetó un gordinflón, mientras seguía evolucionando piruetas en el skate. Entonces mi mente, todavía confusa por una situación inédita, recordó en el laberinto de la memoria aquella frase de Confucio que dice algo como esto: “Nunca discutas con un inferior, porque aunque ganes habrás perdido”. Tenía razón. Allí sólo cabían los hechos. El skate del gordo salió volando de un patadón para estrellarse contra un árbol. Iracundo, el matoncete pretendió entonces enfrentarme. Fue puesto a distancia con los medios necesarios. Los amigos tomaron nota y le dijeron vámonos, mientras el gordo se puso a llorar de ira y a decirme, no lo podrán creer: ¡Te cagaste! Vino entonces el último acto. El del “corazón sangrante”. Un espontáneo que tampoco era vecino lo había visto todo y… ¡salió en defensa de la sabandija! Este “progresista” de unos 18 años pretendió darme clases de ética. Yo era un abusivo porque “no tenía derecho” a meterme con un “niño”. Recordé a mis ancestros junkers. Un par de cachetadas le tapó la boca llena de “derechos” y todos se fueron rabiando. No hay duda de que si el Perú vive una crisis profunda de autoridad es por esto. Cuando un “niño” desacata de esa forma la autoridad de un adulto y es secundado por los noveles votantes es que estamos mal. Ahora sé que este 2011 votaré por cualquiera que me hable de deberes y no de “derechos”. Y que entre el “progresismo” y el orden votaré por el orden. Porque si estos “niñitos” son el futuro: ¡Al Perú no lo salva nadie! Pdta. En Navidad volvieron por el vuelto junto a una vieja patibularia que apañaba el estropicio. No los dejé maniobrar. Desaparecieron aullando.