Además:

“He perdido el apetito por la política peruana”

2009/09/06

Hernando de Soto es el economista peruano más reconocido en el mundo, pero su relación con el país es tirante. Tras 14 años, mira hacia el Perú, pero no piensa en política.

Compartir

Asesor de Fujimori, candidato presidencial frustrado, colaborador de personalidades como el cantante Bono de U2, la 'Dama de Hierro’ Margaret Tatcher y el primer ministro ruso, Vladimir Putin. Hernando de Soto es muchas cosas pero, antes que nada, es un economista al que el mundo escucha y que ahora mira el Perú para ofrecer su perspectiva sobre el problema detrás de los lamentables hechos de Bagua: la incapacidad de los indígenas para negociar con la globalización que los arrolla debido a que no son propietarios de los terrenos en los que viven. ¿Hace cuánto tiempo que el Instituto Libertad y Democracia (ILD), que preside, no trabajaba sobre el Perú? Hace 14 años, pero Bagua nos pareció un punto de quiebre porque no se veía esa violencia desde Sendero Luminoso. Vimos que era un fenómeno que, si bien partía de un sector minoritario de la población, su similitud con otros lugares del Perú como el VRAE nos lleva a pensar que hay una pradera que se podría incendiar otra vez. ¿Cuál es el trabajo que han hecho? Cinco días después de los sucesos de Bagua ya teníamos tres equipos recorriendo la selva, que para setiembre habrán visitado 200 comunidades y el 70% de las etnias para ver qué instrumentos tienen los indígenas amazónicos para controlar su territorio y para administrar sus recursos. Filmamos todo y hemos hecho el documental que se ha presentado esta semana. ¿Y qué encontraron? Los propios indígenas apus (líderes amazónicos) señalan que el problema es territorial. Para nosotros, el manejo del territorio significa soberanía o propiedad y lo que hemos visto es que en la selva hay tres tipos de propiedad: la de los nativos, la de los colonos y la de las empresas petroleras o mineras. El problema es que los títulos comunales que se les entregaron a los nativos hace 30 años que son muy débiles y ni siquiera siguen el mismo sistema de coordenadas que el resto del país y se superponen unos a otros. Mientras que los contratos del Estado Peruano con las compañías transnacionales están protegidos por la ley peruana, por tratados internacionales y les permite hacer lo que deseen con el terreno: venderlo, comprarlo, usarlo como garantía para conseguir financiamiento, emitir acciones. Los títulos comunales no les permiten a los nativos hacer nada de esto, pero igual, dentro de los territorios, hay propiedad individual que no está respaldada por documentos pero que ellos igual compran, venden y alquilan sus chacras. La globalización ya les llegó y lo que queremos documentar es cómo hacen el salto del siglo XVII al siglo XX. ¿Y cómo deberían darlo? Hay que saber a qué se debe el salto. La globalización lo toca a uno. Lo que significa la globalización es la separación internacional del trabajo, que llega en distintos momentos a cada parte del país y, cuando llega, tumba gobiernos, tumba tradiciones y cada cual se adapta como puede. Frente a eso, no hay edificio que resista porque es de tal eficiencia, baja tanto los costos, que implica la reorganización de todo el mundo. Lo que estamos viendo nosotros es la llegada de la revolución industrial a la selva peruana en forma masiva. A su pesar, ¿no? Siempre es a nuestro pesar. Mi mamá, hasta el día que se murió, nunca se consoló de que no volvimos a vivir a Arequipa porque ya no era posible debido a la especialización de sus hijos y su marido. Pasa algo que también Marx había visto, que es la alienación: no importa si una multinacional está a 200 kilómetros de la comunidad, los nativos ven que alguien es mucho más próspero y se da un cierto choque de civilizaciones que hay que resolver. En este caso, los nativos ven que su territorio es más vulnerable que el del resto y por eso gritan. Ellos desconfían del mercado. Lo que pasa es que no tienen los instrumentos para pelearla en el mercado. El problema no es étnico, es económico. Cualquier recurso que se tenga está asentado sobre el territorio, entonces la forma como puede usar su territorio es crucial, viene el crédito, viene todo. Ellos se colocan en una posición de defensa contra la globalización porque no tienen cómo ir a su encuentro, no tienen las armas para protegerse ni para prosperar. ¿Cómo solucionarlo? En la investigación hemos visto que ellos tienen un título distinto al del resto del país, títulos comunales que son los más débiles que hemos encontrado en el Perú. Además, solo el 15% de las 3 mil comunidades que se calcula que hay está registrado y tiene una demarcación clara de su territorio. Lo que tiene que hacer el Estado es darles un documento que utilice coordenadas universales para titular las 11 hectáreas de selva que están repartidas por esos títulos comunales y definir hasta dónde llega cada una. Va a ser más barato hacer ese trabajo que tener otra guerra interna. ¿Cómo redefiniría ese proceso las relaciones entre las comunidades y las empresas? La minera tiene un título del Estado que le permite hacer lo que quiere con su terreno, en cambio, los indígenas peruanos, que probablemente tienen más territorio que todas las empresas juntas, lo único que sacan es yuca y están pobres. Lo que hemos hecho es llevar a la selva peruana a indígenas de Canadá y Alaska que han hecho el salto a formar empresas multimillonarias sin perder su identidad, porque han negociado con las compañías permitirles tener acceso al recurso del subsuelo pero con la condición de que les den un asiento en el directorio. La modernidad no está reñida con su cultura, así como aceptan usar un motor en lugar de remos para su canoas, deben aprender a usar los instrumentos de la globalización a su favor. Entender que formando empresas solo arriesgan el capital de la compañía y no todos sus recursos. Pero el Estado debe recuperar su confianza, porque han quedado muy golpeados. Ningún político se acordaba de la selva hasta el 'Baguazo’. Ha sido un descuido de varios gobiernos. Los antropólogos, con la mejor intención, los han convencido de que son distintos, que necesitan una ley distinta, artículos constitucionales distintos y se ha dado una especie de racismo al revés. Además, como es el 1% del voto, los hemos ido dejando de lado. ¿Cómo vio la actitud de García? Tuvo un discurso muy confrontacional. Cuando hay un acto de violencia, todo el mundo se agita y se vuelve emocional, pero no creo que García sea racista. Yo no le debo nada, exceptuando algunos dolores de cabeza por el TLC con EE.UU., pero debo decir que el Convenio 169 de la OIT que favorece a los indígenas fue adoptado por el Perú en su primer gobierno. Lo que ha pasado es que se han descuidado, hay una tendencia a ver a la gran empresa y se han olvidado que hay una gran parte que no va a alcanzar los beneficios del progreso económico si la escalera no se modifica. Cambiando de tema, ¿cómo considera que ha manejado el gobierno de García la crisis financiera mundial? He estado nueve meses afuera de los últimos doce meses, así que me queda más claro lo que ha pasado en el mundo. Respecto a la crisis, creo que no hemos tocado fondo, porque el problema básico nace de la incertidumbre que crea el hecho de que la mayor parte de activos de los países desarrollados están en instrumentos derivados, que son títulos de propiedad sobre activos que no se corresponden con la riqueza del mundo real. En lugar de inyectarles dinero para evitar que quiebren, hubiera preferido que Estados Unidos e Inglaterra nacionalicen los bancos para sanearlos de esos títulos tóxicos y que se recupere la transparencia. Pero no lo hicieron, así que la recesión va a regresar, pero no se sabe si será en forma de 'W’, con una nueva caída profunda, o si el mundo dejará de crecer por 10 años. El tema es que el Perú solo tiene reservas para sobrevivir por los próximos dos años, así que se va tener que esforzarse por mantener la imagen de solidez que se ha ganado en el mundo para atraer los capitales, que buscarán los países más estables. Eso pasa por solucionar los conflictos sociales. Y ahora, ¿está pensando en volver tentar una candidatura a la Presidencia? Sigo viviendo acá, pero no veo ninguna razón para tener un proyecto político en el Perú. Asesoro a presidentes de 20 países y solo recibo elogios, en cambio aquí ya sé que me van a decir que soy un agente del imperialismo. Extraño el ají de gallina, pero he perdido el apetito por la política peruana. Yo diría que está descartado para siempre, pero igual queremos contribuir.