Además:

“Hay lobby hasta en el amor. Ojo, no significa coima”

2009/11/06

IPAE cumple 50 años y los celebra reuniendo, en la Conferencia Anual de Ejecutivos (CADE), a Dionisio Romero, Mario Brescia y Alberto Benavides, que disertarán sobre el Perú y sus empresas. Quien ha hecho posible este encuentro es Óscar Rivera, presidente de la CADE y de Mibanco.

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"Soy un characato 100%”, nos dice Óscar Rivera, presidente de Mibanco y reincidente presidente de la 47 Conferencia Anual de Ejecutivos (CADE), que este año se celebrará en Arequipa del 19 al 21 de noviembre. El evento tendrá como momento cumbre la mesa '50 años de esfuerzos y logros empresariales’, donde dialogarán tres de los hombres más poderosos del Perú: Dionisio Romero, Mario Brescia y Alberto Benavides. ¿Cómo es un characato 100%? Primero, debe amar a Arequipa, una ciudad entrañable y maravillosa. Y tener el Misti encima, con nevada y todo; por eso, hay que ir de vez en cuando a Arequipa a cargar la batería. Además, amar la campiña, que es maravillosa. Yo salí de allí cuando acabé el colegio, tenía 15 años –era un pichón–, y volví en 1976 como gerente de Gloria. Imagino que salió de Arequipa para ir a la universidad. Yo quería ser médico pero, gracias a Dios, no lo fui. Con mi memoria iba a necesitar un vademécum para recordar qué recetar (risas). Luego quise ser aviador comercial. Me gané una beca en Estados Unidos, pero en los exámenes médicos detectaron que tenía miopía. Se me vino la casa abajo. Como era bueno en matemáticas, decidí estudiar Ingeniería Civil en la Católica. Pero no me gustó. A la vez, conseguí un trabajo e intenté trabajar y estudiar. La Católica era tan exigente que me resultó imposible. Dejé la universidad y he pasado mi vida trabajando, haciendo de todo. Ya casado, hice un diplomado en la U. del Pacífico. Me dice que uno de sus mentores fue Carlos Mariotti. ¿Qué aprendió de él? El fue un empresario suizo que fundó Empresas Eléctricas, una compañía de accionariado difundido –tenía unos 100 mil accionistas– que era un ejemplo a seguir. Lamentablemente, fue confiscada por Velasco en la década perdida para el Perú: la del 70. Empecé siendo su asistente y terminé de gerente. Con Mariotti aprendí la disciplina, la puntualidad, la dedicación al trabajo y a no tener fines de semana. Mi esposa es una santa por haberme aguantado tanto tiempo, pues uno termina dejando de lado a la familia. ¿Y valió la pena? (Suspira). Es una buena pregunta. Creo que la familia no tiene parangón. Le cuento una anécdota: una vez, cuando mi hijo tenía unos cuatro años, llegué a mi casa y el chico corrió con mi pijama. Le dije: “Para qué es esto”. Y me respondió: “Para que no te vayas”. ¿Y cambió su rutina? Lamentablemente, no. Trataba siempre de dar más, pero el trabajo es muy demandante. La compensación, quizás, haya sido la educación que les di a mis dos hijos y la buena familia que tenemos, obviamente, gracias a mi mujer. Tampoco tengo tiempo para mis nietos. Por eso creo que ya es hora de ir dejando la posta y de hacer realidad el dicho de González Prada: “Los viejos a la tumba y los jóvenes a la obra”. Aunque, a mí, que la tumba me la pongan lejos (risas), no la quiero. ¿Por qué se crea la Conferencia Anual de Ejecutivos, la famosa CADE? Nació hace 47 años –yo he participado en todas– y siempre ha buscado ser un espacio de diálogo, de meditación, por parte de los empresarios, sobre el desarrollo del país. Las primeras fueron en Paracas y, durante tres días, estábamos tan apartados y desconectados del mundo –solo había un teléfono–, que se convertía hasta en un lugar de reflexión espiritual (risas). ¿Y qué tan pensante es nuestro empresariado? Yo creo que las CADE han ayudado a que se desarrollen muchas ideas. La gente se pregunta: después de la CADE, ¿qué? Bueno, en una CADE se decidió crear la Bolsa de Valores de Lima. Durante el gobierno militar, el único lugar donde se decían las cosas de frente y sin censura era en la CADE. El periodismo estaba subyugado. ¿Y qué tan mercantilistas son nuestros empresarios? Hay de todo, como en todas partes del mundo: hay empresarios muy preocupados por el desarrollo del país y de su comunidad, por sus empleados, por el gremio empresarial. Otros, en cambio, solo piensan en la plata del día, en cómo sacar más, incluso por fuera. ¿Y que piensa del lobby? Hay lobby hasta en el amor (risas). Es algo necesario, pero tiene mala fama. Ojo, no significa coimear. Felizmente, yo nunca he coimeado a nadie: yo pongo mi tutuma en la almohada en paz.