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La guerra fría que se enfría

2009/11/26
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Las tensiones entre Perú y Chile cuestionarían la tesis de que en América Latina existe una guerra fría entre dos bloques ideológicos. ¿Cómo así las relaciones comerciales entre las dos economías sudamericanas más abiertas se enturbian de esa manera? Lima y Santiago son las capitales sudamericanas que más tratados de libre comercio han impulsado en la región y, sin embargo, las fuerzas armadas de ambos países permanecen alertas frente a sus radares ante cualquier movimiento vecino. La misma ola nacionalista que hundió imperios y puso de rodillas a naciones poderosas cuestiona el acuerdo comercial con el país del sur y exige que las inversiones 'mapochas’ se larguen del país. El Tribunal Constitucional (recuérdese el caso de la píldora) puede subirse a la ola y enviar el acuerdo comercial entre Perú y Chile al Congreso y, entonces, la fiesta se desatará. El verbo del nacionalismo tratará de encender la hoguera. ¿Qué sucedería si Perú y Chile continúan integrándose mientras el diferendo se tramita en La Haya? La respuesta es simple: Perú y Chile formarían un polo, al que se sumaría Colombia, un polo que pulverizaría las estrategias bolivarianas de Chávez en la región. Algunos sostienen que entre Lima y Santiago existe un límite inevitable porque los puertos chilenos y peruanos se disputan la primacía en el Pacífico y, por tanto, la interlocución con el Brasil. De una u otra manera, la geopolítica habría condenado a ambos países a vivir a la sombra de la guerra. Además, se dice, la historia ya lo demostró en la Guerra del Pacífico. Todos argumentos respetables y atendibles. Vale recordar que los agoreros del pesimismo contra la unidad europea echaban mano de los mismos razonamientos. Francia y Alemania se disputaban el liderazgo de Europa y se debían demasiados muertos. La geopolítica los había condenado a la disputa incesante. El fracaso de uno representaba el éxito del otro. No obstante, ambos gigantes se pusieron de acuerdo y nació la increíble unidad europea. La unidad comercial y social entre Perú y Chile nunca existió. Hoy es una realidad. Siete mil millones de dólares de inversión 'mapocha’ en Lima y los miles de migrantes peruanos en Santiago son imágenes poderosas. Pero la casta militar chilena se ha propuesto petardear lo que el libre comercio ha construido. Si la élite peruana no es capaz de entender la provocación militar sureña y pisa el palito con alegría juvenil, una vez más demostrará su ceguera y su incapacidad de asumir políticas de Estado. Si bien la defensa del país se sustenta en los MIG-29, también se fundamenta en el aislamiento político, social y comercial de la casta militar chilena en su propio país y en el mundo.