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¿Guerra Fría en América Latina?

2009/07/02
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Cuando el presidente García y miembros del régimen echan mano de ideas como “sistema” y “guerra fría en América Latina” para lanzar contraofensivas, dejan fuera de juego a los libre-pensadores que, desde antes del presente gobierno, desarrollaban estos conceptos. En América Latina se desencadena una especie de guerra fría, muy tropical y latinoamericana, desde inicios del nuevo milenio. ¿O no? El golpe contra Zelaya en Honduras y la condena mundial a la gorilada revelan que esta guerra fría ya se de-senvuelve sin velos, sin dorar píldora alguna. Recordemos: en el 2006, el buen juicio y los antecedentes señalaban que Humala debía ganarle a García, quien tenía a la historia y a los dioses en su contra. Triunfó Alan por el pánico a la nueva cortina de hierro y petróleo de Chávez. Pura guerra fría, si quieren tibia. ¿Cuál es la característica de la actual guerra fría? Simple: las ideologías fagocitan a los sistemas y a las historias nacionales. Los proyectos bolivarianos se tragan el sistema (una manera de organizar el poder, el conflicto político y la economía en libertad) utilizando los propios resortes del sistema. El caudillo chavista llega a Palacio con menos de la mitad de los votos, pero convoca a referendo para ungirse rey mediante una asamblea constituyente. La naturaleza autoritaria y el proyecto de Chávez, Morales y Correa se explican solo sí y solo sí por la reelección indefinida. El caudillo chavista ha reemplazado al partido único y a la maquinaria militar de los países del bloque soviético del pasado. Evo se olvida de la historia y de la Guerra del Pacífico, en la cual el Perú se embarcó por solidaridad con Bolivia, y se abraza con Chile para golpear a su hermano mayor. Pura guerra fría. Zelaya en Honduras se había comprado el libreto chavista y convocaba a referendo para coronarse en rey-caudillo contra el Congreso, la Corte Suprema, la Fiscalía y su propio partido. Sin embargo, los militares, que nada saben de política, entraron con fusiles y el mundo condenó el golpe y Chávez se convirtió en defensor de la democracia y la libertad mientras decapita a la televisora Globovisión. Pura guerra fría. Los gobiernos y estados que fracasan encuentran en “el complot y la amenaza externa” los argumentos para justificar sus yerros. Pura guerra fría. Recordemos a las oligarquías del siglo pasado que acusaban a las amenazas soviéticas y cubanas de ser causantes de sus problemas. Más allá de nuestros deseos, en América Latina vivimos una versión tropicalizada, menos libresca, de la guerra fría pasada. Ya no existirá el oro de Moscú, pero allí está el oro negro de Chávez. Ya no existirá la miopía de las oligarquías del siglo pasado, pero allí está la soberbia del Gobierno peruano, que olvida que hay un Perú oficial y otro real, bien real.