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Política | Vie. 31 oct '08
Grave crisis de orden público
Con el título de este artículo no me estoy refiriendo al hecho de que ocurran protestas sociales por fuera de los canales institucionales. El asunto va mucho más allá. Algo nuevo está ocurriendo o, por lo menos, se está volviendo la regla y no la excepción.
Así, en múltiples circunstancias y escenarios diversos, en protestas sociales, pero también en tomas de instalaciones privadas, desalojos judiciales, conflictos entre particulares, incidentes cotidianos de todo tipo, el Estado está perdiendo crecientemente la capacidad de mantener el orden, y la Policía o no tiene capacidad de ocuparse o es desbordada; o, incluso, es atacada, corrida, secuestrada y hasta sus instalaciones incendiadas y sus vehículos destrozados. La escena se repite y se repite.
Esta semana, los ejemplos sobran: Moquegua, Nueva Cajamarca, Cajabamba, Sicuani, Tacna, Polvos Azules, jirón Puno, por indicar los más visibles. En las semanas previas se puede mencionar, sin ser exhaustivos, Huamachuco, San Ignacio y Otuzco.
Quizás el punto de inflexión fue lo de Moquegua en junio. Fue tan grave el asunto que se acuñó un neologismo: “Moqueguazo”. Esa debacle policial fue la razón principal por la que el ministro Hernani sacó de la dirección de la PNP a Salazar. En esa medida, ser exitosos en el mantenimiento del orden en este nuevo paro tenía un gran valor simbólico.
Pero ocurrió lo que no podía ocurrir. Se repitió, casi como dos gotas de agua, lo que pasó hace unos meses. ¿Qué decir ahora? Complicado debut para el ministro.
En general, el problema es grave. No se trata, como creen algunos, de entrar a sangre y fuego o de reemplazar a la Policía por el Ejército. Ambas 'soluciones’ serían mucho peores que la enfermedad. Revertir la tendencia no va a ser fácil y tomará tiempo. Para ello hay que actuar, reiteradamente bien, en tres frentes.
Prevención: Reduciendo al mínimo aquellas situaciones en que lo único que queda es usar la fuerza.
Devolver confianza en la Policía. Lo principal no es que la gente le tenga miedo a la Policía, sino que esta inspire respeto, algo que se ha perdido por los problemas de la institución –empezando por la corrupción– y que el desgobierno de estos años en Interior ha acentuado.
Actuación profesional. Se puede hacer las cosas mejor y no salir derrotados en todas las 'batallas’ por el orden público. Ello requiere especialización, entrenamiento, equipamiento, planeamiento y liderazgo.
OTROSÍ DIGO. Al paso que vamos, la pregunta dejará de ser con quién se reunió Canaán, y pasará a ser con quién NO se reunió Canaán.
Así, en múltiples circunstancias y escenarios diversos, en protestas sociales, pero también en tomas de instalaciones privadas, desalojos judiciales, conflictos entre particulares, incidentes cotidianos de todo tipo, el Estado está perdiendo crecientemente la capacidad de mantener el orden, y la Policía o no tiene capacidad de ocuparse o es desbordada; o, incluso, es atacada, corrida, secuestrada y hasta sus instalaciones incendiadas y sus vehículos destrozados. La escena se repite y se repite.
Esta semana, los ejemplos sobran: Moquegua, Nueva Cajamarca, Cajabamba, Sicuani, Tacna, Polvos Azules, jirón Puno, por indicar los más visibles. En las semanas previas se puede mencionar, sin ser exhaustivos, Huamachuco, San Ignacio y Otuzco.
Quizás el punto de inflexión fue lo de Moquegua en junio. Fue tan grave el asunto que se acuñó un neologismo: “Moqueguazo”. Esa debacle policial fue la razón principal por la que el ministro Hernani sacó de la dirección de la PNP a Salazar. En esa medida, ser exitosos en el mantenimiento del orden en este nuevo paro tenía un gran valor simbólico.
Pero ocurrió lo que no podía ocurrir. Se repitió, casi como dos gotas de agua, lo que pasó hace unos meses. ¿Qué decir ahora? Complicado debut para el ministro.
En general, el problema es grave. No se trata, como creen algunos, de entrar a sangre y fuego o de reemplazar a la Policía por el Ejército. Ambas 'soluciones’ serían mucho peores que la enfermedad. Revertir la tendencia no va a ser fácil y tomará tiempo. Para ello hay que actuar, reiteradamente bien, en tres frentes.
Prevención: Reduciendo al mínimo aquellas situaciones en que lo único que queda es usar la fuerza.
Devolver confianza en la Policía. Lo principal no es que la gente le tenga miedo a la Policía, sino que esta inspire respeto, algo que se ha perdido por los problemas de la institución –empezando por la corrupción– y que el desgobierno de estos años en Interior ha acentuado.
Actuación profesional. Se puede hacer las cosas mejor y no salir derrotados en todas las 'batallas’ por el orden público. Ello requiere especialización, entrenamiento, equipamiento, planeamiento y liderazgo.
OTROSÍ DIGO. Al paso que vamos, la pregunta dejará de ser con quién se reunió Canaán, y pasará a ser con quién NO se reunió Canaán.
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