Domingo 27 de mayo del 2012 | 20°
"Nunca me planteé casarme. Conviví 23 años con Paco Laos, un actor. Estamos separados hace cinco meses. Teníamos las obligaciones de cualquier pareja. No nos casamos porque, ahora, en España no es tan importante el matrimonio. Es más, no es necesario casarse porque los hijos de una pareja no casada nacen con los mismos derechos, lo que está muy bien. La gente se casa buscando compensaciones tributarias, económicas… a mí, la separación me está saliendo gratis (risas)". Nos habla de su vida afectiva la soprano Milagros Martín, considerada la mejor cantante de zarzuela del mundo. Ella participa en la temporada lírica que se organiza por los 100 años del teatro Segura. Además de cantante, ha sido actriz. Fui primera actriz en el teatro María Guerrero, que es un escenario emblemático de Madrid. Hice obras de Lorca y de Valle Inclán, y allí tuve el placer de trabajar junto con uno de los más grandes directores de teatro que han existido: José Luis Alonso. Esto me dio amplia experiencia para hacer ópera y zarzuela. Yo creo que, al fin de cuentas, todo es arte: uno se para en un escenario y se enfrenta al público. Aunque, como soy cantante, creo que el canto es la máxima expresión artística y, luego, ya no hay más (risas). ¿Por qué su repertorio es más de zarzuela que de ópera? Son los avatares de la vida. Yo ingresé a la zarzuela y me empezaron a venir trabajos de manera continua. Además, para mí siempre ha sido más importante la vida familiar –aunque ahora ya no (risas)–, y dedicarse a la ópera exige alejarse de casa, estar siempre en audiciones, trabajar siempre con gente distinta, recorrer el mundo… es un sacrificio tremendo. A mí me gusta mi género, interpreto la zarzuela con dignidad y nunca la menosprecio, porque ópera y zarzuela se cantan igual. Usted pudo ser profeta en su tierra. Así es. Hoy soy reconocida y puedo vivir de la zarzuela, lo cual ya es todo un logro (risas). Ahora, Milagros Martín tiene un nombre… hasta me llaman 'La Martín’ (risas). Si me hubiese dedicado a la ópera, quizá no sería 'La Martín’, sino una cantante más. ¿Es complicado vivir de la música? Lo ha sido siempre. Más aún ahora, con la crisis, pues los presupuestos que primero se cortan son los de cultura. ¿Y por qué uno insiste en hacer arte? Porque es una pasión y no nos importa morirnos de hambre. Uno sube al escenario y ya no se quiere bajar. Es una droga, un éxtasis total. El público y el aplauso son como una terapia, incluso para arrancarnos de la locura. Los teatros están llenos de magia, de emoción y de energía. Cuando actuamos, en los telones quedan impregnados trocitos de nuestra energía; esta es recogida por quienes vienen después que nosotros. Así, la magia no termina nunca. ¿Y cuánta energía ha encontrado en el teatro Segura? Mucha. Es un teatro muy cálido. A mí me da muy buen rollo, se nota que tiene tradición. La gente nos quiere, es respetuosa y muy educada, expresa sus emociones de una manera muy sana. Yo siento una gran conexión con el público de Lima. ¿La zarzuela de hoy es la misma de antes? La zarzuela ha sufrido un profundo cambio en el aspecto interpretativo. Ahora, los más grandes directores de teatro –e, incluso, de cine– son invitados a dirigirla. Es una evolución que el género necesitaba para acercarlo a la gente más joven. Es decir, que la tradición se una con la modernidad en busca de un nuevo rumbo… aunque, a veces, a los directores se les va la mano y las hacen muy vanguardistas. ¿Y los jóvenes están volviendo? Hay una brecha generacional que se está tratando de cubrir. Una generación dejó de escucharla, al menos como la escuchaba antes. Lo estamos intentando, pero cuesta; recordemos que ahora tenemos una generación de raperos (ríe). Por eso el esfuerzo en hacerla más humana, más moderna, más cercana al público, con funciones para escolares, con horarios especiales para jóvenes. ¿La zarzuela tiene alma popular? Sí. Muchas creaciones están vinculadas con las costumbres y bailes y ritmos de los pueblos: las hay andaluzas, aragonesas, valencianas… hasta catalanas. La zarzuela es clásica pues toca temas universales como el amor. Y, claro, está llena de música… y no hay nada más universal que la música.