Domingo 27 de mayo del 2012 | 20°
La condonación de las deudas al Banmat sigue una lamentable tendencia demagógica, mediante la cual algunos gobernantes se creen dueños de las carteras de las entidades financieras estatales, sean estas el Banco Agrario, Mivivienda o el Banco de Materiales y, como tal, asumen que pueden disponer de ellas como si fueran de su propiedad. Regalar esas deudas a 260 mil prestatarios tiene un enorme costo que asumirán, sin que se les haya preguntado, los pocos peruanos que pagan impuestos y que deben de estar alarmados por el mal uso que le dan a su dinero. Incluso, el llamado realizado el viernes pasado por García a los contribuyentes a cumplir con su obligación tributaria suena a broma de mal gusto hoy. Más aun, con esa nueva muestra de populismo el gobierno le está diciendo a aquellos que sí pagaron que fueron unos tontos por cumplir puntualmente con su obligación. No es sorpresa, por tanto, que para muchos peruanos un préstamo del Estado es sinónimo de regalo y que es cuestión de sentarse a esperar sin pagar a que llegue eventualmente la condonación. Pero para demagogos gubernamentales, el presidente no es el único, y hay varios aprendices de brujo aguardando. Así tenemos que la ministra de Vivienda quiere destruir el derecho a la propiedad en nuestra legislación y ha decidido entregar títulos a cualquier invasor. Lo ocurrido en Pichanaki es un escándalo, ofreciendo titular a invasores, pese a que existe un propietario tratando de recuperar la tierra que le han usurpado. El hecho de que la ministra sea congresista por esa región claramente ha pesado en la decisión. ¿Qué le hace pensar al Sr. García que puede disponer alegremente de los recursos de todos los peruanos? ¿Por qué cree la Sra. Vílchez que ella decide quién tiene derecho a la propiedad? Es evidente que el poder está causando trastornos dentro del gobierno, generando un serio problema de falta de ubicación y desproporción. Con las medidas populistas anunciadas le harán creer a una parte de la población que no debe de cumplir con su obligación. Peor aun, que tiene todo el derecho de invadir y de apropiarse de la propiedad del prójimo. Un gobierno de turno no puede causar daño permanente de esa magnitud. Por tratar de salvar la curul de algunos compañeros están condenando a la informalidad eterna a toda una nación.