Domingo 27 de mayo del 2012 | 20°
Recapitulemos. El general Octavio Salazar, hace dos semanas, salió a avalar frente a todo el Perú una investigación policial según la cual una banda de 'pish-tacos’ había aniquilado a más de 60 personas en la selva. A pesar de lo absurdo y bizarro de la información, nuestro ministro del Interior, un policía experimentado responsable de velar por la seguridad de todos los peruanos, defendió y apoyó lo que, para él, era una denuncia seria. Hoy, con el embuste al descubierto y el jefe de la Dirincri, general Eusebio Félix Murga, destituido, Salazar pretende convencernos de que su error fue confiar en su personal. Pero vamos, una cosa es que la Policía pueda engañar al ministro presentando una investigación verosímil y otra, muy distinta, es embaucarlo con un cuento de Halloween. La excusa de Salazar no se sostiene porque, así como no se pueden presentar pruebas sobre la existencia de Papá Noel o del Hombre Lobo, la sola teoría de que existía una banda de 'pishtacos’ en Huánuco no resistía el menor análisis o sustentación. Salazar no puede, entonces, hacerse ahora el sorprendido. Y no solo tiene que explicar, con seriedad, por qué refrendó y permitió que se difundiera una investigación falsa, sino que está obligado a aclarar la relación que existe entre esa cortina de humo y las denuncias sobre comandos policiales de aniquilamiento en Trujillo, que habrían barrido con más de 50 delincuentes en las calles. Pero nada de eso ha ocurrido. Y el premier Javier Velásquez Quesquén, en lugar de exigirle al ministro del Interior su renuncia, por lo que ha sido un hecho absolutamente vergonzoso, ha salido, muy indignado él, a decirnos a todos los peruanos que los comandos de aniquilamiento de delincuentes en Trujillo son un invento de la oposición, que con “ideas fantasiosas” (sic) buscan bajarse a este gobierno que todo lo hace tan bien. A ver si nos entendemos: la noticia de los 'pishtacos’, esa que nos ha hecho sonrojar a nivel internacional, que ha dejado a nuestra Policía Nacional como una de las más torpes del mundo, esa barbaridad no mereció ningún comentario parecido, ni siquiera una levantada de ceja, de nuestro locuaz primer ministro. En cambio, la impecable denuncia del periodista de investigación Ricardo Uceda, que está llena de datos serios, de hechos comprobables, de indicios razonables, esa que debería despertar, por lo menos, un deseo de investigar a fondo los hechos para sancionar si se están violando derechos humanos en Trujillo, esa misma, es descartada de buenas a primeras por Velásquez Quesquén, quien la ha considerado fantasiosa. Ya párenla, ¿no? ¿No les parece que se les pasó la mano con las burlas del mes?