Además:

Los gemelos malvados

2008/06/30
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Nada contribuyó a mostrar a Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos como los siameses del crimen como su presentación ante la televisión en agosto de 1997, vestidos con idéntico traje y la misma corbata. Luego, en el año 2000, ambos anunciaron públicamente que con el 'Plan Siberia' habían desbaratado un operativo de contrabando de armas. Lo que sigue es conocido: Montesinos ha sido condenado a 20 años de prisión por la Primera Sala Penal Especial Anticorrupción en setiembre de 2006, "por facilitar y apoyar el tráfico de 10 mil fusiles AKM a la guerrilla colombiana de las FARC, en 1999". Cayeron otros más, pero su socio principal, Alberto Fujimori, no llegó a ser acusado. Hoy, cuando ambos socios volverán a verse, es pertinente recordarlo porque, a un nivel menos visible que el video Kouri-Montesinos, el "Plan Siberia" tuvo también una importancia decisiva en la caída del régimen y la prisión de ambos socios. Montesinos tenía claros vínculos criminales como defensor de narcotraficantes desde antes de conocer a su futuro socio. Esto fue cínicamente reconocido por el propio Fujimori, en una entrevista que concedió a Mariella Balbi, cuando justificó su asociación afirmando que era bueno contratar a un defensor de narcotraficantes para combatir al narcotráfico. Durante el juicio que ahora se le sigue Fujimori intentó inicialmente hacerse el olvidadizo, para recordar luego repentinamente sus declaraciones, así que resultó evidente que la fiscalía iba a usar la entrevista como prueba. "Osito" Escobar -el hermano de Pablo Escobar, el máximo capo del tráfico de cocaína de Colombia-, ha afirmado que su hermano Pablo aportó un millón de dólares para la campaña presidencial de Fujimori, en 1990. La fortaleza de los vínculos del gobierno fujimorista con el narcotráfico, por otra parte, queda ilustrada por el caso del general Nicolás de Bari Hermoza, que luego de la caída decidió autoincriminarse por el robo de 20 millones de dólares, para evitar que lo acusaran por narcotráfico. Está también el caso, aún pendiente, del cargamento de 174 kilos de cocaína descubierto en el avión presidencial. A pesar de todo, Montesinos fue respaldado a lo largo de la década por la CIA, que privilegiaba tener a un colaborador gobernando el Perú, a pesar de las evidencias que tenía la DEA en su contra. Pero el tráfico de armas con las FARC fue demasiado. Montesinos cayó en desgracia de la misma manera que Sadam Hussein en Irak y Manuel Antonio Noriega en Panamá, otros chicos problemáticos engreídos de la CIA, que se pasaron de la raya cuando delinquieron pisando callos a los EE.UU. Esa es la catadura moral de los socios que hoy deberán responder por los crímenes de Barrios Altos y La Cantuta.