Domingo 27 de mayo del 2012 | 20°
En la década de 1990 la prensa se vendió mediante una mecánica sencilla: copiar y pegar. Había una central en el SIN que proveía de información a la mayoría de medios y esa era la única fuente admisible para los periodistas que se pusieron el kimono. Las 'geishas’ copiaban y pegaban lo que les daba Montesinos y listo. ¿Quién se iba a tomar la molestia de cruzar la información, de corroborar si lo que dijeron era verdad o no? Nadie. No había cómo. Una década después, la sentencia contra Fujimori ha desencadenado que viejas (y nuevas) 'geishas’ repitan en la prensa puro *bullshit*, como dirían los gringos. El problema es que ahora no la tienen tan fácil: gracias al acceso libre a la información en Internet es sencillo desbaratar sus jugarretas. El ejemplo más alucinante es la encuesta de CPI, que mereció primeras planas y largos minutos en radio y televisión. Según la empresa de Manuel Saavedra, el 59.4% de los limeños desaprueba la sentencia a Fujimori. El problema es que esa no es la verdad. En la web del diario Correo se consigna el desagregado del dichoso sondeo. Uno puede bajarse el PDF y descubrir la viveza: en realidad, SOLO EL 26.2% de encuestados piensa que se le debió absolver (es decir, el núcleo acostumbrado de fujimoristas). Pero Saavedra, quién sabe por qué, decidió agrupar también a los que sí están de acuerdo con la condena pero creen que debió ser de menos (¡o más!) años bajo el rubro de “en desacuerdo”, inflando artificialmente a los fujimoristas. Releyendo las cifras, el resultado debió presentarse así: Sobre la sentencia misma también se ha desatado una campaña de desinformación, aprovechando que el ciudadano común no sabe que puede acceder a las 708 páginas del fallo del juzgado de San Martín a través de la web del Poder Judicial o de http://tinyurl.com/fujisentencia Por ejemplo, en este mismo diario un señor Oliver Stark (mucho gusto) sostuvo ayer que afirmar que Fujimori conocía de las actividades de Montesinos y Colina “es, por decir lo menos, una gran y exagerada cojudez”. Una cojudez, dice. Como los derechos humanos, supongo. Lo que es francamente cojinova –disculparán que no sea tan castizo como Stark– es opinar sobre un texto que evidentemente no has leído. Los capítulos XIII y XV de los fundamentos de hecho de la sentencia son claves. El primero detalla los otros crímenes de Colina: en total, once operativos a lo largo de un año. Y desde el primer día la prensa independiente (Gorriti, noviembre 1991) ya advertía que se trataba de ejecuciones de paramilitares. En el capítulo XV se detalla que autoridades del régimen como Máximo San Román o el general Rodolfo Robles alertaron de estos casos. ¿Resultado? Fueron expectorados del Gobierno de la peor forma. La sentencia detalla literalmente decenas de evidencias similares. Vamos, es cuestión de leer, no es tan complicado, muchacho. También habría que consultar el fallo antes de manosear los nombres de las víctimas de La Cantuta porque se ha descartado su militancia en Sendero. Algunos periodistas deberían consultar la página 697 (en el Capítulo IV de la Parte III): “No existe la menor información consistente de órganos policiales, de inteligencia o del Ministerio Público –menos sentencias judiciales– que de una u otra manera permitan sostener, siquiera a nivel de sospecha razonable, que algunas de las víctimas de Barrios Altos o de La Cantuta participaron en los dos grandes atentados, precedentes de los hechos en su agravio, o que militaron o estén vinculados al PCP-SL”. Más claro, ni el agua. La parte civil pidió que se restablezca la reputación de las víctimas de La Cantuta y los jueces han dicho, simplemente, que no existe ningún motivo para llamarlos terroristas. Legalmente, prevalece el principio de presunción de inocencia. Es súper sencillo, coleguitas. Mi amigo Uri Ben Schmuel, director del diario La Razón, gran consumidor de blogs, se queja de que el sentimiento de la 'blogósfera’ peruana no corresponde al de la calle. Dice que la 'cholósfera’ está dominada por 'caviares’ que se mueven en un ghetto “cuyos confines no llegan más allá del campus de la urbanización Pando y dos o tres cafetines y librerías de moda”. Quizás esos serán los blogs que lee Uri. Pero en este país hay 14 mil blogs y es cuestión de navegar un poco en Perublogs para encontrar gente de Trujillo, Cusco, Cañete, Arequipa, Cajamarca, Iquitos y todos lados celebrando que la justicia se haya impuesto el martes 7 de abril y –ojo aquí– lamentando la salida del clóset de varias geishas. Ninguno de esos bloggers es –como sostiene equivocadamente Uri– aspirante a periodista. Son ciudadanos comunes y corrientes, son nuestro público, no quieren ser periodistas. Y, vamos, después de la algunas portadas de esta semana ¿quién querría serlo?