Domingo 27 de mayo del 2012 | 20°
Envidio a los colombianos. Y no porque se estén atreviendo a votar por el loco de Antanas Mockus, un filósofo matemático, con alma de niño, que parece arrancado del concierto de Woodstock, que ya demostró que es capaz de revolucionar ciudades y conciencias. No. Los envidio porque con esa apuesta, arriesgada para muchos, los compatriotas de Shakira están votando por el futuro de sus hijos, por el imperio de la educación, por la ilusión de convivir en armonía con su entorno y, sobre todo, por la obsesión de moverse siempre dentro de la legalidad. Los seguidores de la ola verde de Mockus, que cada día son más, no tienen miedo de pararse a reclamarles a sus políticos decencia, honestidad, respeto irrestricto de las leyes, respeto por la vida, respeto por los niños. Respeto y punto. Son ciudadanos que tienen clarísimo su rol como electores, que están escogiendo ser representados de otra manera. Son hombres y mujeres que no piensan seguir hipotecando la ética y la moral al patético pragmatismo. Miren sino el spot de campaña de Antanas (http://ir.pe/23oq). ¿Y por casa cómo estamos? Pues, pésimo. Y esta vez no me voy a quejar de los políticos, sino de usted, amiga estudiante, señora ejecutiva, caballero empresario, compañero burócrata, joven bloguero. ¿Qué nos ha pasado a los ciudadanos peruanos, que hemos perdido la capacidad de indignación? ¿Cómo es posible que el 80% de los limeños apoye a un alcalde como Luis Castañeda, que se gasta la plata en obras que no acaban nunca sin dignarse a darnos la más mínima explicación? ¿Por qué tenemos que agradecerle tanto al presidente García que esta vez no la haya embarrado como en su primer gobierno, cuando ese es su trabajo? ¿En dónde tenemos la autoestima cuando permitimos, calladitos la boca, que se pierdan las pruebas de los 'petroaudios’ o del recién estrenado 'faenón’ de Cofopri? ¿Qué pasó con nosotros para que Alberto Fujimori, condenado a 25 años de prisión por casos gravísimos de corrupción y violación de derechos humanos, siga recibiendo el respaldo de casi un tercio de la población? ¿En qué clase de país vivimos si la señorita que hace unos meses nos dejaba pésimo por el roche del robapulmón es hoy la linda modelo de portada de una revista? ¿Por qué el matrimonio Allison casi compite en popularidad y glamour con el de Angelina y Brad? Hemos pasado de tolerar la corrupción, como un mal necesario para que se haga obra, a casi celebrarla. Endiosarla. Y con esta pusilanimidad, con esta renuncia a exigir respeto de parte de quienes nos gobiernan, lo que estamos haciendo es abandonar nuestra condición de ciudadanos. Nos estamos comportando como súbditos de reyezuelos mediocres y nos estamos perdiendo la oportunidad de dejarles un mejor país a nuestros hijos. Últimamente andamos como para que a uno le den ganas de ser colombiano, pues.