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El futuro son las próximas elecciones

2009/10/12
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Siempre que no me muestro optimista con respecto a la economía, me acusan de estar atacando a EE.UU. Sería gracioso, y hasta folclórico, si no estuviese sostenido por una triste alienación. Mi convicción más profunda es que hoy, en el complejo mundo que hemos creado, es IMPOSIBLE anticipar el futuro. Algunos ejemplos del pasado: ¿Quién imaginó que un atentado cometido en Sarajevo detonaría la Primera Guerra Mundial? ¿Quién se atrevería a pensar en 1916 que el poderoso Ejército ruso terminaría disgregado por un minúsculo partido marxista? ¿Quién hubiera pensado, durante el próspero 1927, que dos años más tarde se produciría una catástrofe económica y quién, en 1930, hubiera afirmado que un irracional llamado Hitler llegaría legalmente al poder en Alemania? ¿Quién hubiese podido prever, luego de los fulminantes éxitos iniciales de los nazis, que la Segunda Guerra Mundial tendría un vuelco tan decisivo? ¿Quién, incluidas todas las agencias de inteligencia gringas, hubiera podido anticipar que la otrora poderosa Unión Soviética implosionaría y desaparecería del panorama geopolítico? ¿Quién hubiera podido anticipar el desmembramiento de Yugoslavia, la Guerra del Golfo, el ataque a las Torres Gemelas, la crisis económico- financiera de 2008, etcétera? Basta repasar la historia para comprender cuán complejo se hace vaticinar, con un mínimo de chance de acertar, qué ocurrirá en el futuro. Podemos, sí, anticipar que si aumentamos las emisiones de carbono se acelerará el proceso de calentamiento global pero, aun así, no podemos dar fechas demasiados precisas sobre los acontecimientos que nos esperan e, incluso, no podemos negar tampoco la aparición de imponderables que alteren nuestra marcha hacia una catástrofe ecológica. Vuelvo a citar a Patocka, un fino observador de la realidad. Él dice: “El devenir es ahora cuestionado y lo será para siempre”. El futuro, en suma, es incertidumbre. Podemos ser optimistas o pesimistas al respecto, pero eso dependerá más de nuestras hormonas y nuestras experiencias individuales, que de una capacidad o conocimiento especial para predecir lo que vendrá. La parcelación de las disciplinas hace aun más ardua la tarea de anticipar el futuro. Los saberes, cada vez más asombrosos, navegan aislados y son muy pocos –y no precisamente los periodistas, y mucho menos los políticos– los que intentan ubicarlos en un contexto que exceda el de la disciplina que los produjo. Es evidente, además, que los alertas que se formulan desde el campo científico son ignorados por la clase política y por parte importante del periodismo. Del calentamiento global o de la crisis del agua se viene advirtiendo desde hace más de treinta años. Recién ahora el tema se ha incorporado al discurso político y ha subido a las primeras planas del periodismo. Las próximas elecciones y el ráting obligan a exprimir la coyuntura y a supeditar los grandes temas, menos atractivos quizá, pero que significarán, a la larga, una opción entre la vida y la muerte.