Además:

Futuro Imperfecto

2009/08/28
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Los países pobres no tienen capacidad de pensar su futuro. Están tan preocupados tratando se sobrevivir el día a día, que no hay planes para mañana, ni pan para mayo que guardar. Su economía funciona como la de una agobiada madre de familia que tiene que ingeniárselas para darles de comer a cinco bocas con quince soles diarios. Así hemos vivido en el Perú durante décadas. Apremiados por sucesivas crisis, nos acostumbramos a resolver lo urgente dejando de lado siempre lo importante. Desde hace ya varios años, sin embargo, nuestra economía ha crecido sin parar y somos reconocidos internacionalmente como un modelo de prosperidad. Cabe preguntarse, entonces, si ha cambiado en algo esta forma tan apremiante de tomar decisiones ligada más a la coyuntura que a un verdadero planeamiento estratégico. La respuesta es un rotundo no. Veamos por qué. En primer lugar, tenemos el Acuerdo Nacional que, a pesar de que fue creado en el 2002 para ayudar a construir una visión de futuro, no ha logrado influir eficazmente en las políticas de gobierno. ¿Alguien se ha ocupado, por ejemplo, de aumentarle el presupuesto a educación hasta que alcance el 6% del PBI, tal como lo propone el Acuerdo? En segundo lugar –¿o deberíamos decir último?– está el Ceplan (Centro de Planeamiento Estratégico), organismo técnico encargado de diseñar políticas de Estado a largo plazo. Tal como lo recordó El Comercio esta semana, el Gobierno se demoró casi cuatro años en ponerlo a funcionar al mando de Agustín Haya de la Torre y, luego, le asignó un presupuesto tan irrisorio que lo ha convertido en un ente burocrático e inútil y ha obligado a los miembros del consejo directivo a renunciar. Así las cosas, no debería sorprendernos que, cada cierto tiempo, nos encontremos con problemas como el que estamos enfrentando con el gas de Camisea. Al no haber diseñado una clara política energética preparada para trascender a cualquier gobierno, tanto las decisiones nefastas que se tomaron en el pasado, como las que se están tomando hoy para renegociar los contratos de exportación del gas, se toman casi a ciegas guiadas por dos pésimos lazarillos: las crisis coyunturales y los intereses particulares de ciertos grupos que intentan jalar agua (léase contratos, leyes) para su molino sin importarles su impacto en el futuro de las mayorías. Ya sabemos que países como Japón y Chile han basado buena parte de su desarrollo en su capacidad para pensar en futuro. Incluso la gran empresa privada ya no da un paso sin planeamientos estratégicos y está situándose permanentemente en escenarios futuros. Nosotros, en cambio, nos hemos conformado con aquello de que el Perú avanza… el problema es que nadie se ha puesto a pensar con seriedad hacia dónde.