Domingo 27 de mayo del 2012 | 20°
Nada está dicho hasta que ocurre en el escenario electoral peruano, pero una de las características más notorias de los últimos dos meses es el deterioro de la candidatura de Keiko Fujimori. ¿Cómo medir el desgaste? Primero, por las encuestas. Viene bajando en todas ellas a la par que otros suben, notoriamente Castañeda, pero también Humala en provincias. De seguir la tendencia, habría que poner en tela de juicio el que la candidatura de Keiko pase siquiera a segunda vuelta. Segundo, por las divisiones internas. La férrea unidad que parecían tener hasta hace poco se empieza a resquebrajar. Se ha comentado en diversos medios que hay dos estrategias en pugna: la de Raffo centrando todo en la elección presidencial y congresal (¡quiere repetir curul!), y no arriesgarse en las elecciones regionales y locales, donde podrían salir trasquilados. La otra línea quiere presencia en esas lides y con ello, obviamente, darles poder interno a los que eventualmente les vaya bien ('desfamiliarizar’ el movimiento). El otrora maestro de la movilización de bases del fujimorismo, Absalón Vásquez, parece estar en eso; se le voceaba para Cajamarca y ahora, incluso, para Lima. Martha Chávez, hasta hace poco rebelde, ha vuelto y también quiere Congreso. El punto es que si la caída de Keiko continúa, su capacidad de decidir se debilita; muchas más voces van a querer definir el rumbo y, como es obvio, no todos irán en la misma dirección. El tema central empieza a ser qué le plantean al país. La ratificación de la condena a 25 años por parte de otra sala de la Corte Suprema no los favoreció como la primera vez; quizás, más bien, hizo que algunos se dieran cuenta de que aquí no había persecución de algunos jueces, sino culpabilidades ciertas y ratificadas, en todos sus extremos, por jueces diversos. Victimizar a Fujimori para que la gente apenada vote por la hija parece agotarse, y es difícil que se sostenga hasta el 2011. Peor todavía si siguen con la cantaleta del indulto como una única oferta de campaña. Ellos mismos empiezan a darse cuenta, y la propia hija ha dicho que no lo va a solicitar (además, como ya es ampliamente conocido, no se le puede otorgar). En buena hora que estén en problemas. Junto con tantos otros observadores de la política peruana, no he ocultado mi enorme preocupación de que los herederos de una dictadura corrupta y violadora de derechos humanos puedan volver al poder. Como ha dicho Javier Pérez de Cuéllar, recordando la oprobiosa huida y renuncia por fax desde el Japón, el nombre Fujimori no prestigia al país. “Fujimori fue un jefe de Estado al cual se le achacan, con razón, innumerables defectos, abusos, etc. Es el único presidente con el cual mantengo una total distancia; no me es grato su recuerdo”. (Caretas 2113, 21-1-2010).