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Fuegos artificiales

2008/11/11

Cuidado con los que pretenden enlodar el 'petrogate’.

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El mayor favor que se le puede hacer a la corrupción destapada por las denuncias del 'petrogate’ es utilizar los indicios disponibles con fines perversos que no apuntan a la identificación y sanción de los culpables, sino hacia objetivos subalternos, tal como, lamentablemente, lo están haciendo algunos políticos y periodistas. Por un lado, están los esfuerzos de algunos por politizar la denuncia buscando llevar agua para el molino propio. Como Ollanta Humala con su planteamiento de adelantar las elecciones “si se comprueba” que el presidente Alan García está implicado en el 'petrogate’. Claro, “si se comprueba” esa vinculación, sería comprensible esa propuesta. Pero, hasta el momento al menos, no hay indicios que sustenten esa conclusión. Iniciativas como esa son imprudentes pues contribuyen a politizar una investigación que debe ser realizada por las autoridades pertinentes sin apasionamiento ni interés político, y prestando atención únicamente a las pruebas. Incluso, un comentario como el de Ollanta Humala desprestigia el buen trabajo que está haciendo, hasta el momento, el congresista Daniel Abugattás –del mismo Partido Nacionalista– al frente de la comisión parlamentaria que investiga el 'petrogate’. La otra forma perversa de desprestigiar la investigación es la que están haciendo algunos medios de comunicación que están revelando audios e emails que tienen un contenido estrictamente privado y ninguna implicancia pública, como los romances de Rómulo León. Intervenir conversaciones privadas es, sin duda, un delito que debe ser condenado legal y moralmente. Su uso para fines periodísticos solo se puede realizar excepcionalmente, y luego de un análisis cuidadoso, cuando la interferencia la han hecho terceras personas –obviamente, no por encargo del medio–, cuando se ha comprobado su verosimilitud, y cuando es evidente que se trata de asuntos que puedan perjudicar a la ciudadanía y que no pertenecen al ámbito íntimo y privado. Los temas privados de las personas públicas se deben evitar salvo que tengan una incidencia en el erario o en el uso indebido del poder. Tengo la sospecha de que por ingenuidad unos, y por encargo subalterno otros, hay algunos que están haciendo lo anterior para proteger a los culpables.