Domingo 27 de mayo del 2012 | 19°
Esta vez no hubo gritos destemplados ni fuego cruzado entre oficialismo y oposición. Tampoco amenazas apristas de suspender a revoltosos parlamentarios nacionalistas. (Valgan verdades, ese 'sueño’ ya se les había sido concedido semanas atrás). No. A diferencia del accidentado fin de legislatura del año pasado, este jueves, en la última plenaria del año legislativo 2008-2009, no hubo nada de eso. ¿Qué pasó? Nada que a estas alturas llame nuestra atención. Simplemente no hubo sesión porque aproximadamente a las 5 de la tarde, casi 50 minutos después de la hora a la que fueron convocados, solo 29 de los 118 congresistas en funciones estaban presentes en el hemiciclo. A pesar de tener pendiente en agenda el debate de más de una decena de dictámenes, los legisladores decidieron 'relajarse’ e interrumpir la jornada para ir al agasajo que a mediodía ofrecía la Embajada de los Estados Unidos con motivo de su aniversario patrio, que se celebra hoy 4 de julio. ¿A dónde fueron después? Nadie lo sabe. No hubo explicación oficial para la ausencia masiva de congresistas, que le dio un deslucido final al tercer año de gestión del actual Parlamento. Así, sin pena ni gloria, finaliza también la anodina labor de la Mesa Directiva que preside el aprista Javier Velásquez Quesquén quien, al cabo de un año, exhibe un balance negativo en los rubros de transparencia administrativa, acceso a la información y calidad legislativa, y sí, más bien, un superávit en lo que respecta a escándalos mediáticos y a acuerdos bajo la mesa, lo que mella todavía más la credibilidad del Parlamento. En ambos casos, la responsabilidad no es exclusiva del oficialismo; se extiende a todos los grupos políticos sin excepción que, en más de una ocasión, han demostrado que prefieren hacerse de la vista gorda cuando están en juego sus intereses personales. Si no, recordemos que apenas mes y medio después de iniciado su periodo, en setiembre de 2008, Velásquez dio luz verde a un encubierto aumento de sueldos de los parlamentarios a través de una modificación del sistema de rendición de cuentas de los gastos operativos. Como si el escándalo que desató el hecho –divulgado en primicia por Perú.21– no fuera suficiente, en abril de este año aprobó bajo la mesa la entrega, a discreción, de vales de combustible y de pasajes aéreos. En ambos casos, solo la presión de la prensa logró dejar sin efecto estos despropósitos. Lamentablemente, son estas situaciones –además de la toma del hemiciclo, las denuncias de hijos no reconocidos y los agravios personales, entre otros– las que desplazan en la memoria ciudadana la dación de importantes normas como la Ley de la Carrera Judicial, la Ley de Aseguramiento Universal de Salud o la Ley de Aguas, y las que hacen de este tercer año de legislatura uno de los de más ingrata recordación. Ese es, a fin de cuentas, el costo de tener una Mesa Directiva elegida como resultado de los cubileteos oficialistas y la compra de votos en algunos grupos de oposición a cambio de favores políticos.