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El fiasco del sánguche hot

2010/02/03
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Quienes somos fans de los sánguches de chicharrón de los domingos quedamos sorprendidos con las declaraciones de Cristina Kirchner sobre el poder calentón de la carne de cerdo. Que la presidenta de Argentina aparezca en todos los canales diciendo al mundo que para tener buen sexo no había que tomar Viagra sino comer chancho ha causado risas, burlas e indagaciones de todo tipo: no sé cuántos sexólogos en el planeta se han visto obligados a abordar el tema; pero, de hecho, los profesionales argentinos han sido los más consultados. Para ellos, se trata de una broma. Y es cierto: no hay estudio científico que corrobore la noche de placer que vivió la señora Kirchner. No hay pruebas, no se conocen historias similares, nadie sabe de dónde salió esa tesis. De todas formas, el fin de semana, mi pareja y yo salimos a experimentar. Destino: el Kio de San Miguel, uno de nuestros lugares favoritos para comer sánguches de chicharrón. Rico y grasoso, como siempre. Comimos y nos acomodamos a esperar que algo pasara. De paso, miré las caras de los comensales intentando identificar expresiones de deseo contenido, como las que se observan a veces en las discotecas o en los malecones. También busqué erecciones mirando a los caballeros de la cintura para abajo. Me aburrí de esperar alguna reacción fuera de lo común. Y me sentí observada por estar espiando a la clientela. El hostal del costado del Kio sería nuestro próximo destino. Así lo habíamos previsto en el supuesto de que Cristina no hubiera mentido. El momento hot no llegó. Un ligero sueño nos había invadido, por lo que pedimos dos cafés más. Luego de ello, nos pusimos de pie y fuimos de compras a Plaza San Miguel. Creo que el chancho desató mis deseos de comprar (y debo aclarar que esto no significa que el cerdo desate personalidades “shopaholics”). Sí, compré tonterías y me pasé la mañana convencida de que la señora Kirchner había mentido, como bien habían sugerido no pocos periodistas argentinos en blogs y en Twitter. En el mejor de los casos, podríamos pensar que la presidenta está viviendo una poderosa calentura por su marido, envidiable por cierto. Después de tantos años juntos, ese tipo de circunstancias no es frecuente, menos entre un par de poderosos. Por la noche terminamos en un chifa. Pedimos pato y vino blanco. Y, al salir, no nos fuimos a bailar, como estaba pensado. Corrimos a casa, a corear a Cristina Kirchner. ¿Es el pato afrodisiaco? Nones. Simplemente había ganas y no se necesitaba más, como tendría que ser. El diario La Nación de Argentina preguntó a Amado Bechara, jefe del departamento de Disfunciones Sexuales del hospital Durand de Buenos Aires, sobre los poderes afrodisiacos del chancho. Esta fue la respuesta: “No hay ningún estudio de investigación que demuestre que la carne de cerdo mejora notablemente la actividad sexual. La realidad es que toda la evidencia médica resumida de los últimos 50 años no es suficiente para decir que ese alimento es eficaz en tal sentido”. Y la sexóloga Diana Resnicoff fue incluso más específica: “No hay nada de real en todo esto. El cerdo es poco afrodisiaco. Es, más bien, un alimento pesado, de digestión lenta y que no favorece el encuentro sexual. En general, cuando hablamos de elementos afrodisiacos, no nos referimos a sustancias tan pesadas”. Otra experta en temas de pareja y sexualidad, la doctora Liliana Burgiarotti, habló del asunto para Crítica de Argentina: “Si en el contexto de una comida con cerdo –costillitas con champán y velas– ponemos los aditivos relacionados al deseo sexual, seguramente comeré con más ganas y me dará más deseo. Pero se trata de mis ganas de tener deseo. La realidad es que no existe un alimento que aumente el deseo. Existe nuestra fantasía puesta en ese alimento”. Y como dato anec-dótico está la carta de un restaurante de Buenos Aires, en la que se incluye este texto: “Recomendación de la señora Presidenta de la Nación: Incentivo sexual”. ¿Cuál era el plato? Costeletas de cerdo con puré. No pocos amigos argentinos se han tomado en broma el asunto. Uno de ellos me decía que cuando come chancho le da sueño, un sueño pesado e imposible de vencer. Lo mismo me ocurre; por eso, después del chicharrón urge una taza de café bien cargado. Pero, volviendo al tema, debo confesar que no recuerdo episodio sexual propiciado por un lechón al horno o por un sánguche del Kio, El Chinito o Sarita, camino al sur. ¿EXISTEN ALIMENTOS AFRODISIACOS? Para el sexólogo Juan Carlos Kustnezoff, la llamada comida afrodisiaca es un cuento chino. “Es un tema para ilustrar libros, muy bonitos, muy coloridos. Pero no existe”, insistió. No creo en el poder hot de un cebiche de conchas negras. Tampoco creo que una cerveza negra te ponga os@. Dudo del impacto del ajo, y hace tiempo descarté la maca y el extracto de rana. El mejor afrodisiaco es el deseo que te inspira la otra persona. No hay magia. Todo gira alrededor de tu acompañante. Si te inspira y te provoca, el sexo del bueno se dará de manera natural e intensa. No necesitas pimienta negra, nuez moscada o azafrán en el menú. Recuerdo a César Di Cesare, dueño de Te Mataré Ramírez, un restaurante ubicado en Buenos Aires que se presenta al mundo como el templo de la comida afrodisiaca. Rodeados de preciosas chicas semidesnudas, de deliciosos platos y buenos tragos, Di Cesare me confesó que sus platos no tenían ingredientes mágicos. Su propuesta consiste en ofrecer tentación erótica (cabaret, por ejemplo), humor erótico y una carta cachonda (los platos hacen referencia a poses y ocurrencias de cama). Es una oferta lúdica. Funciona si la persona de al lado realmente te inspira. Así de sencillo. Di Cesare solo propicia que te liberes un poco, que ejercites tu capacidad de fantasear y te motives. En la carta de este argentino encantador no había ni un solo potaje en base a carne de cerdo. Mi experimento terminó. No agradeceré al pato la buena noche sino a mi acompañante. Los caminos de la arrechura no pasan necesariamente por un plato mágico.