Sábado 26 de mayo del 2012 | 19°
El caso del congresista Rafael Rey y su ya célebre frase de llamar delincuente al presidente Alejandro Toledo, ocupa el recuento de la presente nota. Yo guardo gran respeto por aquellas personas que anteponen el principio a la conveniencia, el amor a la aprobación y, sobre todo, el honor a la vida. Dichas personas no siempre son sabias pero son siempre nobles. Por eso, cuando leí el otro día la declaración de un político de que no iba a retirar, aunque hubiera de enfrentar represalias, un calificativo (el de llamar "delincuente" a otro político) porque el imperativo moral importaba mucho más que la conveniencia inmediata, leí con detenimiento. Rafael Rey, el político, invocaba la permanencia del principio por sobre los afanes de la contingencia para calificar como "delincuente" al presidente de la República, Alejandro Toledo. Lo que distingue a quien actúa por principios es su consistencia. Por ejemplo, llamar "delincuente" al presidente de la República, que en este caso no entraña ningún riesgo y, por lo contrario, acarrea grandes ventajas (en un país con un presidente que tiene 15% de aprobación y ninguna capacidad de devolver golpes), por parte de un político ya trajinado, debiera ser parte de una trayectoria política consistente, en la que se pudiera documentar que Rey alzó la voz en el pasado para denunciar a delincuentes en el poder cada vez que alguno de ellos cruzó su campo visual. Llamarlos "¡delincuentes!", porque así el principio lo demanda, cuando no daba rédito hacerlo, cuando era peligroso, cuando demandaba coraje y, sobre todo, cuando el crimen campeaba, como campeó -codicioso, destructivo y letal- durante la década de los 90. Así que busqué archivos para rastrear la consistencia de Rey en su convicción moral de llamar "¡delincuente!" al mandamás o al funcionario que lo haya merecido en el pasado. Encontré otras consistencias. Esa, no. En 1995, por ejemplo, el fujimorato perpetró una ley de "amnistía" para lograr la impunidad de los asesinos de Barrios Altos y la Cantuta. Rafael Rey, que había abjurado de Libertad para prestar apoyo al fujimorato después del golpe de 1992, fue uno de los propulsores y defensores de ese instrumento de impunidad y encubrimiento criminal. Como lo describió entonces Caretas: "Dos connotados miembros del Opus Dei defendieron la ley. Rafael Rey . expresó un pensamiento profundo: hay que buscar el fondo de la ley, que quiere la reconciliación nacional, y no la forma. Y luego atacó el aborto, coincidiendo con Martha Chávez. La lideresa de la bancada oficialista cerró la lista de oradores, censurando a la jueza Antonia Saquicuray y al Departamento de Estado de los EE.UU. Ellos critican la amnistía y apoyan el aborto, dijo Chávez indignada." El voto, "luego de brevísimo debate" fue de 35 votos contra 11, consumando así el grosero encubrimiento de asesinatos perpetrados a sangre fría. La maniobra no les resultó fácil, puesto que aquí en el Perú, una jueza valiente, Antonia Saquicuray, había proseguido con el juzgamiento del caso; y en el extranjero arreciaron críticas hasta del Departamento de Estado estadounidense. Así, mientras Montesinos movilizaba a sus lacayos en el ámbito judicial, Rey atacó a los obispos de la Conferencia Episcopal Peruana, que habían calificado de "inmoral" a dicha ley, a la vez que -bravío y nacionalista para este caso- dijo que no aceptaba el pronunciamiento condenatorio del Departamento de Estado: "Somos un país soberano. El Perú no es una colonia de Estados Unidos". ¿Qué mejor uso de la soberanía, al fin y al cabo, que liberar criminales cuyos cómplices detentaban el poder? Rey visitó algunas veces a Montesinos en sus oficinas del SIN. Lo contó, el 2001, la secretaria de Montesinos, María Angélica Arce. Rey y Guido Penano "asistieron en más de una ocasión al SIN", dijo Arce. Rey lo reconoció. Fueron dos veces, a fines de 1997 y comienzos de 1998. Lo buscó, dice, para revisar algunos casos de presos, entre ellos el de su amigo, el secuestrador Gonzalo Higueras y también el de Yehude Simon. Con la sola visita a quien no tenía cargo aparente alguno dentro del gobierno (que no fuera el ambiguo de asesor de Fujimori), Rey revelaba conocer y aceptar la realidad del poder en el Perú de entonces, donde un espía decidía en lo político, lo judicial y lo militar, por encima de todo. Además, a esas alturas ya era imposible decir que se ignoraba los crímenes de Montesinos, incluyendo el robo. Si uno no leía, era inevitable haber visto las probadas denuncias sobre los crímenes y latrocinios del régimen y de Montesinos que había sacado el Canal 2 en 1997 antes de ser intervenido a la fuerza. Cierto que Rey había expresado su desacuerdo, pero luego había ido a negociar (que esa es la palabra) con Montesinos. ¿Le llamó "criminal"; le llamó "delincuente", en sufragio de sus convicciones? No. Le habló muy bonita y respetuosamente. Montesinos tenía una idea muy clara del papel que Rey debía jugar dentro de la dictadura: el de un amigable compañero de ruta, que a veces parece independiente, pero que no lo es, y que por eso resulta útil. Sabía todo sobre él. Si había cosas que contar sobre cómo actuaba Rey en el club "Saeta" del Opus Dei, por ejemplo, ahí estaba un amigo común, Óscar López Meneses, el dentista ex-yerno de Malca Villlanueva, que tuvo gran cercanía e influencia con Montesinos. De manera que algún tiempo después de las visitas de Rey, Montesinos y Joy Way planearon cómo utilizarlo en una supuesta "comisión investigadora" que declarara traidores a la patria a los miembros de la oposición democrática que revelaban desde los trucos hasta los crímenes del fujimorato. En una reunión en la que participaron Montesinos, Joy Way, Luis Serpa y Carlos Bringas, se produjo el siguiente enternecedor diálogo: "El señor JOY WAY ROJAS.- He estado viendo el martes un par de noticias, el jueves que hay Pleno también se está haciendo una comisión investigadora; o sea, (ininteligible) Y quien va a liderar el tema es Rafael Rey, así es que no somos nosotros. El señor MONTESINOS TORRES.- Claro, no aparecemos nosotros sino el Rey. (.) El señor JOY WAY ROJAS.- Tenemos buenos elementos para que, incluso, justamente darle a los dos que son los que más problemas y hacen más bulla. El señor MONTESINOS TORRES.- Rey va a apoyar eso. El señor JOY WAY ROJAS.- Él va a liderar. Y estoy pensando que él presida la Comisión Investigadora. El señor MONTESINOS TORRES.- Es mejor, porque si él preside la Comisión Investigadora eso le va a dar (Ininteligible) sino van a decir que es una cuestión de (Ininteligible)". ¿Ininteligible? Por lo contrario, muy inteligible. Luego, Rey fue compañero de fórmula de Federico Salas, quien terminaría como primer ministro de Fujimori después de negociar con Montesinos sus pagos por lo bajo. Cuando Rey se enteró de esa prostitución política, ¿llamó "delincuente" a su ex-jefe? Si lo musitó, nadie lo recuerda. Cuando el fujimorato se caía, Rey empezó a tomar cuidadosas distancias. En el caso de la masiva falsificación de firmas por parte de la dictadura, que reveló la unidad de investigación de El Comercio, Rey acusó a Absalón Vásquez como el "principal responsable". Cuando le preguntan "¿Y Fujimori no sabía?", Rey responde: "Yo hubiese pensado que no sabía, pensando bien, pero ahora que se ha dado cuenta de que, en efecto, debe haber algo de cierto, creo que lo lógico hubiese sido que el presidente diga yo me retiro, y que continúe Francisco Tudela". Como diría Mario Moreno, "ahí está el detalle". Es decir, no pero sí. Y, dado que sí, ¿gritó "¡delincuente!"? No, qué va. Que se retire, nomás para que entre mi amigo Pancho y todo siga igual. Derrocamos el fujimorato y conquistamos la democracia para desterrar el delito desde el poder. La acusación sobre falsificación de firmas de Perú Posible debe -pese a la eventual testiga falsa- ser seriamente investigada; a la vez que se reabren con igual severidad las investigaciones sobre las eventuales falsificaciones de firmas de la agrupación de Rey. Pero si alguien no tiene ningún derecho a predicar sobre moral pública, ese es Rey. Si alguien debe penitencia y expiación por su pasada connivencia con un régimen criminal, ese es Rey. Hay gente que vive por sus principios; y hay gente que hace aspavientos de respetarlos. A estos últimos, con frecuencia se les llama fariseos. El diccionario define "fariseo" de dos maneras: a) Miembro de una secta que afectaba rigor y austeridad, pero eludía los preceptos de la ley, y, sobre todo, su espíritu. b) Hombre hipócrita.