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Por falta de donantes han muerto unas 300 personas

2009/11/23

El Perú es uno de los países con más bajo índice de donantes en Latinoamérica. Más de cuatro mil peruanos están a la espera de un órgano para seguir viviendo.

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Para ellos, cada día que pasa es un triunfo. Pues para los pacientes que necesitan de un trasplante para seguir viviendo el tiempo es su verdugo. Según el Ministerio de Salud (Minsa), unas 300 personas dejaron de existir en el año 2008 esperando algún riñón, pulmón, hígado o corazón. ¿Por qué se produce esta triste situación? Por la falta de donantes. Ocurre que a veces la familia de una persona cerebralmente muerta se resisten a ceder sus órganos aún, cuando esta ha expresado su voluntad de hacerlo. De acuerdo con datos de la Organización Nacional de Donación y Trasplante (ONDT), solo en enero de este año se reportaron 28 muertes cerebrales. Ningún cuerpo pudo ser empleado por la negativa de los familiares, que adujeron razones religiosas y temores de ser víctimas de mafias. “En Essalud nunca practicamos un trasplante si es que algún miembro de la familia no da su consentimiento. Así se pierden minutos valiosos”, explica Carlos Carvallo, director del Programa Nacional de Trasplantes de ”rganos y Tejidos de dicha institución. Ocurre que si pasan más de 10 o 15 minutos, el órgano a extirpar podría quedar inservible por falta de oxigenación. Se calcula que de cada fallecido se podrían salvar unas 15 vidas. Un ejemplo positivo es lo ocurrido con Paola Vargas , la joven contadora que fue arrojada de una coaster por un barrista de Universitario. Gracias al gesto de solidaridad –que fue respetado por sus padres Humberto y Silvia– dos pacientes mejoraron su calidad de vida. Ambos padecían de insuficiencia renal crónica. Mientras que en países como Chile o España hay 20 donantes por cada millón de habitantes, en el Perú solo existen 0.8. Es uno de los más bajos índices a escala mundial. La lista de espera es larga. Y cada mes se suman más. Essalud espera alcanzar la meta de 300 trasplantes al mes. Pero esto no solo depende del seguro social. En gran parte, es responsabilidad de todos los que están dispuestos a perpetuar una parte de su vida aún después de la muerte.