Además:

Examine sus etapas de desarrollo (1)

2009/12/01
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“A Javier (46) le gusta morderme. Yo le permitía, pero ahora él abusa y me muerde cada vez más fuerte. La vez pasada le dije que no y él me insultó y se burló de mí diciendo: '¡Qué mas quieres, tu anterior pareja ni te miraba, y eso que eras más joven!’”. Catalina, 42 años. Javier, como muchos, tiene una Fijación Oral-Agresiva. Es una perturbación vinculada a la primera etapa de desarrollo psicosexual. Según Freud, son cuatro las etapas: oral, anal, fálica y genital. No se abandonan al pasar de una a otra, sino que se entrelazan con dominio de la última. La etapa oral se establece desde el nacimiento hasta los 18 meses. El centro del placer es la boca y sus actividades favoritas son chupar y –cuando salen los dientes– morder. El amor y tolerancia de la madre será sustancial para pasar saludablemente de una etapa a otra, de lo contrario… Si, por ejemplo, se deja que el niño llore en exceso cuando quiere mamar, si se le castiga con dureza porque muerde el pezón mientras mama, si se le desteta de un momento, podría fijar en su pequeña alma los intensos deseos insatisfechos y la rabia producida por ello. Podría desarrollar una personalidad oral-agresiva donde existe la necesidad de morder, mascar chiclets o utilizar la boca para agredir, burlarse o ironizar. Catalina, en la consulta, recordó que su suegra le había contado que cuando Javier tenía 10 meses le empezaron a salir sus dientecitos y un día le mordió tan fuerte el pezón que la hizo lagrimear. Ella, instintivamente, le pegó muy duro en la boquita. Nunca más la mordió, pero quedó con la fijación oral: necesita morder a Catalina y utiliza la boca para agredirla si ella dice que no. ¿Sería un ejercicio interesante mirar si tenemos fijaciones orales-agresivas y tratar de descubrir el origen para ir despidiéndonos de ellas? El próximo martes, la siguiente etapa.