Domingo 27 de mayo del 2012 | 19°
Ante el cruento atentado narcoterrorista ocurrido el jueves pasado en el poblado de Sanabamba (provincia de Huanta, Ayacucho), los ex comandantes del Ejército Roberto Chiabra y José Graham recomendaron al gobierno replantear la lucha antisubversiva que se desarrolla en el valle de los ríos Apurímac y Ene (VRAE). Ambos oficiales coincidieron además en que el denominado Plan VRAE, que tiene como misión mejorar la calidad de vida de la población cocalera y reducir el número de personas que trabaja para el narcotráfico, no ha dado resultados. “El Plan VRAE es una gran mentira. Desde el 2007 no hay una buena obra. Tampoco se han instalado bases antidrogas en la zona, no entiendo por qué”, dijo Roberto Chiabra. Por su parte, Graham pidió que no se deje solas a las Fuerzas Armadas en el combate contra el narcotráfico y el terrorismo y exhortó a otros sectores como Educación, Justicia y al ministerio del Ambiente a involucrarse más en el trabajo que se realiza en la zona. “No se puede orientar todo al sector militar”, refirió. Chiabra cuestionó parte de la estrategia que utilizan las tropas que operan en la zona cocalera. Según el general, las patrullas del Ejercito deberían evitar los desplazamientos por carretera, ya que los narcoterroristas conocen toda las rutas y pueden interceptarlas sin problemas. “Nosotros debemos obligar a los terroristas a que ellos se desplacen por esas mismas rutas y capacitar a nuestros soldados para que los intercepten con patrullas helitransportadas”, sostuvo. UNA MUERTE MÁS. Y mientras en Lima continúa el debate sobre el papel del Estado en el VRAE, la cifra de militares fallecidos por el atentado en Sanabamba se elevó a 14 debido a que el cabo Ney Mozombite Arimuya, reportado como desaparecido el sábado pasado, fue hallado sin vida por los efectivos que patrullaban la zona del ataque. Así lo confirmaron fuentes del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, que indicaron, además, que los cuerpos de las víctimas del atentado no pudieron ser rescatados ayer por mal tiempo. Otra versión, sostiene sin embargo, que los helicópteros del Ejército no se aproximaron a la zona del ataque por temor a un nuevo atentado. Esto debido a que los narcoterroristas se habrían apoderado de buena parte de las armas que portaban los soldados que fueron emboscados. Entre estos pertrechos se encuentran 12 fusiles Galil, dos cohetes instalaza y un lanzagranadas RPG. La situación tras el ataque es tan seria que los oficiales del Ejército destacados en Ayacucho mantienen reserva absoluta sobre las circunstancias en las que ocurrió. En Ayacucho, algunos periodistas estiman que los muertos podrían ascender a 16, pues aún habría otros desaparecidos no reportados.