Domingo 27 de mayo del 2012 | 19°
Eva se pone a llorar en la TV, Mariana la consuela con gesto maternal. Eva dice que Mariana es la persona más buena del mundo. La identidad femenina es una estructura compleja. Se inicia en una etapa muy temprana donde madre e hija están en simbiosis: funcionan como un solo ser. El padre –primer amor del sexo opuesto– ayuda a la separación liberándola de ese amor exclusivo. Después, ella regresa a la mamá para tomar sus atribuciones femeninas. ¿Y cuando no hay un padre cercano o es débil o ausente, y tampoco hay modelo de pareja heterosexual? La niña queda en situación pre-edípica, en un universo cerrado donde están solo ella y su mamá. Allí, el amor y odio entre ellas suele ser muy intenso. Para Helen Deutsch, hay un tipo de homosexualidad femenina que corresponde a la reproducción del vínculo pre-edípico entre madre e hija. Mi hipótesis es que Eva quedó en situación pre-edípica y que su homosexualidad corresponde al tipo señalado. Eva quería vivirla con la mayor libertad apoyada en la herencia del abuelo. Su madre se oponía fieramente a este “camino errado”. Se produjo una radicalización en los sentimientos de Eva: por un lado, necesitaba que la madre la aprobara (por estar fusionada) y, por el otro, se sentía dominada, atrapada, ahogada sin su aprobación. Que solucionó su conflicto fragmentándose, partiéndose en dos: amando a Mariana como la madre buena en oposición a Myriam, la malvada. Eso se llama 'Escisión’. Eva sigue confundida: su mamá es la que le dio la vida, la cuidó siendo indefensa, trabajó para ella y su hermano, así hubiera estado errada al oponerse a su homosexualidad. Madre no es la que se lleva el 50% del patrimonio de la hija (¿ahora lo quiere devolver?). Menos la que ayuda a sacar al hermano de 17 años del hogar.