Domingo 27 de mayo del 2012 | 19°
Dos cuestiones. Primero, resulta indignante que, teniendo una Constitución que garantiza la educación obligatoria y gratuita a todos los ciudadanos y ciudadanas del Perú, tengamos más de un millón de mujeres peruanas que nunca han ido a la escuela. ¿Qué dice el ministro de Educación de este caso que ha saltado a la primera plana gracias a un insidioso artículo periodístico del diario Correo del jueves 23 de abril? Para ser exacta, de acuerdo con el último Censo Nacional, se registra un total de 1 millón 359,558 personas que no saben leer ni escribir (analfabetos). El 60% (810,768) vive en zonas rurales; tres de cada cuatro (1’023,288) son mujeres y casi la mitad (671,424) tienen como lengua materna una lengua indígena (quechua, aimara o alguna lengua amazónica). O sea, principalmente: mujeres rurales indígenas. Estas son cifras vergonzosas, pero no son las únicas en el registro educativo nacional. Hay un grupo grande de escolares que sufre la bajísima calidad de la educación pública: cientos de miles de niñas, niños y adolescentes que hoy asisten a las escuelas públicas y que casi no entienden lo que leen. La segunda cuestión es la calidad de la representación. ¿Qué Congreso tenemos? Trabajadores fantasmas (Elsa Canchaya, Walter Menchola, Tula Benites, entre varios otros), el abuso de gastos operativos (José Anaya y su millonario pollo a la brasa) o la reciente inclasificable respuesta del aprista Édgar Núñez quien, encarado ante la posibilidad de una hija no reconocida, dijo, en un claro castellano, que “la criatura es gordita”, por lo que no podía ser su hija. La calidad de un representante involucra muchas más dimensiones que solo su manejo de la ortografía o su pronunciación. La ética es lo importante. ¿Cómo harán los partidos para que no se filtren sinvergüenzas en las próximas elecciones? ¿Cómo harán las maquinarias políticas para sancionar a sus militantes en cargos públicos si se portan mal? ¿Sobre qué criterios elegiremos los ciudadanos a los congresistas más capaces? Hilaria Supa representa hoy a este millón de mujeres indígenas que no tienen formación escolar, que no se han socializado en un aula educativa, que no tienen familiaridad con los libros... Pertenece a un enorme sector de personas que hablan mal el castellano y que lo escriben mal también. Pero es congresista. Animamos a la señora Supa a usar ese poder para liderar la campaña de erradicación del analfabetismo y garantizar una educación bilingüe de calidad para todas las poblaciones indígenas del país.