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Un estudio en peligro

2009/05/31
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Uno de los estudios más ambiciosos en el campo del desarrollo humano, planificado por los Institutos Nacionales de Salud de los Estados Unidos, con el nombre de Estudio Nacional de la Niñez, pretendía seguir a 100,000 niños desde el embarazo hasta los 21 años. Sobre la base de madres gestantes reclutadas al azar, se debería poder establecer las influencias del ambiente –desde la alimentación hasta la polución del medio ambiente– sobre la evolución individual en todos los planos, incluyendo situaciones patológicas como la obesidad o el autismo. En estos momentos se encuentra en la fase de piloto –que comenzó en enero de este año– para producir el protocolo final de la investigación, pero nubes negras se ciernen sobre una iniciativa que prometía dar respuestas a muchos problemas que preocupan a padres, educadores, profesionales de la salud y tomadores de decisiones políticas. El costo inicial proyectado para los 25 años que duraría este esfuerzo era de 3 mil millones de dólares, pero podría terminar siendo el doble lo que, en estos tiempos de cortes presupuestales en todos los niveles, es una señal especialmente ominosa. Nadie quiere dejar de lado un proyecto que va a dar tanta información, pero ya se está pensando en ahorrar y adelgazar el presupuesto. Por ejemplo, uno de los componentes más caros es la observación directa, dentro del hogar, de los niños incluidos en la muestra. Sin embargo, la mirada especializada puede ir más allá que los reportes de los padres y ofrecer detalles muy ricos que los especialistas no quieren perder y los políticos buscan poner a su haber. Se vienen largas negociaciones y cada quien, dependiendo de sus agendas y prioridades, así como intereses –los pediatras no necesariamente piensan igual que los psicólogos o que los profesores– científicos y profesionales, tratará de llevar agua para su molino. De todas formas hay que entender que el conocimiento –más allá de la información– cuesta, y que debería trascender cuestiones coyunturales. No hay manera más correcta y rigurosa para el estudio del desarrollo, de las relaciones complejas entre la naturaleza y el aprendizaje, entre el entorno y la herencia, que el seguimiento longitudinal de las personas a lo largo de sus vidas. Aunque uno pueda entender que el mundo no funciona como debiera, no deja de ser irónico que mucho más fácil es lograr dinero, sumas enormemente mayores que las en juego en este caso, para hacer guerras o para reflotar bancos –ambas cosas a veces necesarias–, que para reunir información relevante para administrar lo más importante: la vida humana en desarrollo.