Domingo 27 de mayo del 2012 | 19°
Aunque de los Estados Unidos nada me extraña, leo con asombro el nombre de los principales protagonistas en la operación de auxilio a Haití y, sobre todo, el nombre de quien comanda dicha operación humanitaria. Vamos por partes: los actores principales son el buque de asalto anfibio USS Bataan y los barcos de desembarco muelles anfibios USS Fort McHenry y USS Carter Hall. También, un vehículo anfibio de la Marina con 2,000 soldados de la 22ª Unidad Expedicionaria y 900 soldados de la 82 División. En total habrá 10,000 soldados norteamericanos haciendo el 'bien’ en Haití. ¿Y portaaviones? Por supuesto, faltaba más, allí estará, para felicidad de los haitianos, el portaaviones USS Carl Vinson y sus buques de apoyo –que llegaron a Puerto Príncipe el 15 de enero de 2010–. También estará –de algún modo hay que justificar la visita– el buque hospital USNS y varios navíos y helicópteros de los guardacostas de Estados Unidos. Si aún le parece frágil el espíritu de cooperación de la superpotencia, agregue el imprescindible crucero para casos de terremoto que carga misiles –se llama Normandy– y, también, la fragata de misiles guiados USS Underwood. Con todas esas armas, qué terremoto se va a animar a perjudicar a Haití en el futuro. Que no diga después la Naturaleza que no fue debidamente notificada. Toda esta movilización conmovedoramente humanitaria, que podría ser considerada ridícula si no encerrara designios dramáticos, estará a cargo del Departamento de Estado, del Departamento de Defensa y de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) bajo la dirección general de ese maravilloso organismo de bien público que responde al simpático nombre de Pentágono. No se trata de un álter ego del Pentágono que exporta guerras, armas y se entromete en la vida de otros países: es el mismísimo Pentágono que ordena bombardear bodas o terroristas –lo mismo da– en Afganistán y que ahora tendrá la generosidad de ocuparse de Haití. ¡Ojo, haitianos, con sus próximas bodas! Díganme si Estados Unidos no es un país versátil, imprevisible y generoso. Hasta da ganas de tener un terremoto para que nos visite. Los observadores afirman que “a diferencia de los equipos de rescate y ayuda enviados por numerosas organizaciones civiles, el mandato humanitario del Ejército de EE.UU. no está claramente definido”. Un comunicado de los marines podría aclarar las cosas: “En definitiva, los marines son ante todo guerreros, y eso es lo que el mundo sabe de ellos…, [pero] somos igualmente compasivos cuando tenemos que serlo, y ese es un papel que nos gustaría desempeñar: el de guerreros compasivos que llegan con la mano extendida para ayudar a quien lo necesite. Estamos entusiasmados con esta misión”. Ya Estados Unidos ha asumido diversas funciones que le competen teóricamente al Gobierno haitiano, y mi impresión es que se trata más de una nueva invasión disfrazada cuya partida será tan lenta y condicionada como la que les han prometido a los ciudadanos iraquíes.