Además:

Está obligado a cumplir promesas

2009/07/29
Compartir

Ya lo habían señalado algunos analistas: a diferencia del García candidato que se presentaba encantador y seductor (en la campaña electoral corría el chiste de “No lo escuches mucho porque si no te convence”), desde que inició su mandato se volvió, más bien, bastante antipático, poco conectado con la población y sus preo-cupaciones. Parece entonces que, harto de que no lo quieran, el presidente decidió, con este cuarto discurso presidencial, reconquistar a los peruanos. Para eso, ha diseñado una receta que tiene varios ingredientes poderosos (más autocrítica, preocupación por los problemas más cotidianos, jalón de orejas a los empresarios), pero uno fundamental, que se parece bastante al populismo. Entre las medidas propuestas, la más efectista es poner en manos de la población parte de la responsabilidad de la gestión y del gasto público. Esta descentralización popular suena muy bien; sin embargo, cumple con casi todos los ingredientes de la típica promesa de candidato: es una idea seductora, parece inclusiva, es atractiva, pero también requiere de un Estado eficiente, preparado para llevarla adelante, que, por supuesto, no tenemos. Si a eso les sumamos las alusiones a la reposición de la cuarta lista de despedidos (que tiene serios cuestionamientos de haber sido hecha a dedo) o las acusaciones a los altos costos de las tarjetas de crédito, es obvio que estamos ante un García que ha recordado cómo ofrecer. Ahora le toca recordar que, como presidente, está obligado a cumplir.