Domingo 27 de mayo del 2012 | 19°
Pocas veces se ha apreciado con tanta claridad a la clase política haciendo exactamente lo opuesto a lo que quiere la gente. Es realmente increíble, pero no parece existir tema alguno en el cual estén sintonizados con la población. En la encuesta que publicamos hoy, el 82% de los limeños está a favor de la renovación por mitades del Parlamento. Difícil que una propuesta política pueda encontrar un mayor grado de aceptación. Sin embargo, en el Congreso la han encarpetado. También se registra un 64% de apoyo al voto voluntario, propuesta de reforma constitucional que es otra víctima del cortoplacismo de nuestros parlamentarios, quienes han antepuesto sus intereses electoreros al derecho a la libertad del ciudadano. Por otro lado, las reformas que sí quieren los parlamentarios, como es recrear el Senado, no tienen apoyo mayoritario. Dado que en el debate constitucional se han escuchado arrogantes comentarios sobre la incapacidad del electorado para decidir si ejerce o no su derecho a elegir, no sería extraño que traten de forzar lo que les conviene a pesar del rechazo. Por su parte, el Jurado Nacional de Elecciones, que en el episodio de hojas de vida congresales ha cumplido un papel lamentable, debe tomar en cuenta que el 91% está en contra de permitirle un partido a Sendero, antes de que cometa otra equivocación. Asimismo, un rotundo 70% está en contra del fallo del Tribunal Constitucional prohibiendo la distribución de la píldora por parte del Estado. Considerando que, salvo el ministro de Salud y la ministra de la Mujer, el resto del gabinete se mantuvo en la orilla conservadora o al margen del debate, claramente el Gobierno no ha leído correctamente el sentimiento de la gente. Más aún, de nada sirve para un gobierno tan mediático que el premier realice diariamente diversas conferencias de prensa sobre cuanto tema salta a la palestra si en los asuntos que realmente le interesan a la población toman el camino equivocado o se hacen a un lado. No es sorpresa, por tanto, que pese a que el optimismo de la ciudadanía se está recuperando, este no se ha reflejado en mejores índices de aprobación. Mientras los gobernantes sigan creyendo que el electorado es un rebaño que solo sirve para elegirlos cada cinco años y, luego, ser olímpicamente ignorados, no pueden sorprenderse de los crecientes niveles de rechazo hacia todas las instituciones del Estado.