Domingo 27 de mayo del 2012 | 19°
Acabo de leer un artículo de Julio María Sanguinetti en el que se sostiene, entre muchas cosas ciertas, la curiosa noción de que “ni Chávez es (de) la izquierda, ni Uribe y Santos son (de) la derecha”, puesto que el primero no ha hecho más que empeorar la situación de los pobres, mientras que el régimen de los segundos los ha beneficiado enormemente. Me ha sorprendido que un hombre del vuelo de Sanguinetti asuma la idea que subyace a esa afirmación: la que supone que es de izquierda quien trabaja para combatir la pobreza. ¿Por qué lo dice? ¿Acaso porque cree que en un mundo donde casi todos los gobiernos autodenominados “socialistas” utilizan fórmulas de libre mercado, no queda ya otro recurso para saber qué es “la derecha” y qué “la izquierda” que ir a las intenciones (declaradas) de cada una y creerle a la izquierda cuando afirma (tácitamente la más de las veces), que tiene el monopolio del corazón y, por tanto, el del interés por combatir la pobreza? Si de eso se trata, pues se trata de una ingenuidad decepcionante, para ser Sanguinetti. Que se haya puesto de moda entre los políticos decir que “no importa el color del gato sino que cace ratones”, no anula el hecho histórico que los gatos que resultaron tener una forma de cazar que efectivamente daba con el ratón (la creación de bienestar material para la mayor cantidad de gente) eran los que tenían el color que era llamado “derecha” (es decir, los que dejaban la generación de riqueza a los individuos); mientras que los gatos que, buscando cazar ratones, lograron sólo infringir severas heridas a todo el mundo en su alrededor, fueron los que tenían el color llamado “izquierda” (los que encargaban del tema al Estado). Que muchos izquierdistas de ayer quieran saltarse a la garrocha ese bagaje histórico, no borra el hecho de que lo que tenemos ahora es, verbigracia, a la autoproclamada “comunista” China obsesionada en ser reconocida por todo el mundo como “economía de mercado”, y no a ninguno de los llamados países capitalistas intentando implantar el socialismo. Al decir lo anterior, no es mi intención santificar a la derecha. Derechas e izquierdas, ha habido muchas: dictatoriales y democráticas, socialmente conservadoras y liberales, corruptas y decentes, pacíficas y violentas. Lo único que ha permanecido diferenciando a ambas a lo largo de sus diferentes concreciones históricas ha sido lo económico: lo que cada una sostenía (no necesariamente lo que hacía, que muchas derechas enfermaron de mercantilismo) sobre la propiedad y la empresa privada. Y ahí viene lo que sí quiero decir, aunque sea sólo en aras de la justicia histórica y ante la proliferación de vacas que quieren crear un arroz con mango terminológico para que todos olvidemos de cuando fueron terneras: que, en ese tema, fue lo que se llamaba “la derecha” la que tenía el gato que atrapaba al ratón.