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Escaramuzas entre mensajeros

2009/01/29
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La difusión de los 'petroaudios’, la caída del Gabinete Del Castillo, y demás temblores políticos y judiciales, han originado dos corrientes claramente definidas en el periodismo: quienes apoyan la difusión de información –sin importar su origen– cuando es de interés público y quienes se oponen abiertamente a esta conducta. Sin embargo, ambas tendencias, postergando banderas y diferencias, se oponen como un puño al proyecto del Ejecutivo que pretende sancionar al periodista que difunde un audio obtenido ilegalmente. Los economistas afirman que el mercado regula los precios, y los demócratas podrían decir que el ejercicio de la libertad de prensa genera la autorregulación frente a los excesos. Algo de eso existe cuando en el periodismo peruano surgen estas dos opiniones con respecto a los audios obtenidos ilegalmente. De esa dialéctica surge la libertad de difundir una información al margen de su origen, pero también el cuidado y la obligación de acabar con los libertinajes. creer que mediante una ley se amordazará o cancelará el flujo de información es un viejo sueño de los intolerantes de siempre. El audio, el video, la fotografía, siempre llegarán a la redacción y, si el medio no lo publica, entonces, aparecerá en la red. La tecnología pulveriza las distancias, los estados, las leyes, e inaugura una época de transparencia nunca antes vista en la historia. No obstante, lo grave es que cualquier discrepancia sobre el ejercicio de la libertad de prensa se convierte en guerra de periodistas y, de pronto, aparece un ejército del bien contra otro del mal. Hay que recordar que las dictaduras de baja intensidad empiezan ganando elecciones para luego excluir a las minorías (Fujimori, Chávez y quizá Morales), pero antes necesitan quebrar la libertad de prensa. Allí donde ella se preserva, el autoritarismo no prospera. Para avanzar estos proyectos necesitan promover conflictos entre mensajeros y fortalecer al operador, al actor político. Recordemos la guerra entre periodistas durante el fujimorato, las batallas que se libran en Venezuela y las primeras emboscadas en Bolivia. El desgaste entre mensajeros es la manera de debilitar a los medios y fortalecer la maniobra del oficialismo o de la oposición. El asunto está tan de moda que hasta políticos 'encallecidos’ pretenden erigirse en tribunales del “buen o mal periodismo”. La madurez de una democracia no solo está en la perspicacia de sus políticos o en la hondura de sus intelectuales, sino también en la sapiencia de sus periodistas. Las escaramuzas y los enconos descontrolados deben dar paso a una mutua tolerancia entre mensajeros. Que cada uno desarrolle su noticia, su análisis y su enfoque, y que el público se pronuncie. Así sucede en las democracias más longevas.