Domingo 27 de mayo del 2012 | 19°
Con frecuencia se compara al Perú con un barril de cangrejos o un palo encebado, pues cuando un peruano sobresale no tardan en oírse voces que lo critican duramente y hasta lo difaman. Se recurre a cualquier pretexto para retacear méritos, menospreciar cualidades y ningunear logros. Hemos visto este tipo de reacciones hace poco con ocasión de los triunfos internacionales de Claudia Llosa y Kina Malpartida. La envidia es un sentimiento que muy pocos estamos dispuestos a admitir. El envidioso no puede tolerar que otra persona posea un objeto o cualidad que no tiene y se empeña en buscar una justificación para atacarla sin misericordia. En ese sentido, la envidia revela la sensación de sentirse despojado por otro de algo que se quisiera tener. Aceptarlo sería reconocer ante el resto y ante uno mismo que se tiene una carencia o deficiencia. Existen otros sentimientos que están emparentados con la envidia. Uno de ellos son los celos, que suponen el amor a un objeto que se teme perder a manos de otro, lo cual genera el deseo de ejercer un control férreo sobre el objeto amado y de eliminar al rival. Los celos, por definición, solo pueden darse en una situación triangular. Otro sentimiento semejante es la angurria o codicia, a causa de la cual una persona que ha encontrado una fuente de satisfacción no cesará de explotarla, inclusive hasta su extinción, en un intento de llenar su sensación de vacío. El destino de aquello que produce satisfacción no es algo que preocupe en modo alguno al angurriento. En contraste, la envidia es un sentimiento que involucra básicamente a dos personas. El envidioso resiente la posesión de un objeto por parte de otra persona por la cual se siente despojado. De aquí que busque vengarse haciéndole el máximo daño posible. Lo que hace que la envidia sea tan destructiva es que impulsa a buscar el sufrimiento del otro. El ejemplo bíblico clásico es el de Caín y Abel. El sentimiento opuesto a la envidia es la identificación con la persona que ha logrado obtener aquello que uno anhela. Cuando uno se identifica con otro, de alguna manera este pasa a ser parte de sí mismo, lo cual permite enorgullecerse de sus logros como si fuesen propios y tomarlo como modelo de comportamiento e inspiración. Creo que las cosas están cambiando en nuestro país, como lo demuestra la reacción masiva de la gente que se ha mostrado solidaria frente a la injuria de los ataques recibidos por Claudia Llosa y Kina Malpartida. Las voces de los resentidos y envidiosos han sido acalladas. La gran mayoría de los peruanos hemos recibido con júbilo la noticia de sus premios y nos sentimos orgullosos de ellas.