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Política | Dom. 28 sep '08
Entrevista.21: Protagonistas de la época
El sociólogo y ex congresista Henry Pease hace un balance del régimen de Juan Velasco Alvarado, a cuarenta años de aquel golpe de Estado. El resto es historia.
Un año que jamás se le olvidará a Pease es 1968. No solo por el golpe que acabó con el régimen de Fernando Belaunde, sino porque fue el año en que se casó. Así como él, el país ingresaba a una nueva etapa en su vida. Cuarenta años después de aquel 3 de octubre, todavía es un reto hacer un balance desapasionado de Velasco. Por ello, Pease recomienda situarse en el Perú de esa época.
Algunos estudios señalan que en 1968 la Fuerza Armada se sentía frustrada porque venía de reprimir a las guerrillas y los políticos se negaban a hacer los cambios que el país reclamaba.
Eso lo he oído muchas veces y es cierto. Aquella generación de oficiales sí tenía una presencia nacional. No estaban sentados en Lima. Efectivamente, algunos de ellos combatieron las guerrillas, pero otros fueron enviados solo a reprimir. Recuerde que el primer gabinete de Belaunde cayó porque al premier ”scar Trelles lo acusaron de debilidad para reprimir una toma de tierras. Es que todavía en ese Parlamento había representantes de los gamonales.
En la bancada odriísta sobre todo.
Que en ese momento estaba aliada con el Partido Aprista. Hay que ponernos en el contexto. Al gobierno de Belaunde lo desestabilizaron a punta de censuras (a los ministros) hasta hundirlo. El Legislativo –controlado por la coalición Apra-UNO– fue atenazando e impidiendo la reforma agraria. Eso fue clave en el desgaste, aunque lo que más impactó fue la pérdida de la página once del contrato con la IPC.
La izquierda marxista acusó al régimen militar de ser un gobierno reformista burgués, mientras la derecha lo tildaba de comunista. ¿Qué fue para usted el régimen de Velasco?
Un gobierno de militares y clases medias que se propuso tomar en serio la reforma. Yo lo he llamado el tercer reformismo del siglo XX. El primero fue el aprista, el segundo fue el belaundista, pero ambos fracasaron frente al poder oligárquico, y Velasco expresó la reacción básicamente de las clases medias que en el Perú no pudieron surgir democráticamente. Cuando Julio Cotler habla de crisis política y populismo militar yo rechazo el concepto de populismo militar, porque Perón era un líder de masas. Pero Velasco no lo era.
¿Qué era Velasco?
Su primer discurso fue uno leído que decía 'sudaremos y sudaremos para salvar al país’. Es la única idea que salió el día de su juramentación. Pero es porque los militares se refugiaron en su institucionalidad para armar desde allí el cambio. Y eso tiene limitaciones. Yo no tengo dudas de que las reformas tenían efectos democráticos, pero no eran democratizadoras en el sentido político de la palabra, sino en el sentido social. Si yo desaparezco la servidumbre, pues creo condiciones para la democracia.
Velasco solía decir que la 'revolución peruana’ era irreversible, pero la reforma agraria o las comunidades industriales no tuvieron éxito. ¿Por qué lo irreversible fracasó?
Porque siempre somos capaces de hacer las cosas peor de lo que ya se hicieron (ríe). Además, ¿quiénes tenían esa voluntad de reforma? No fue la Fuerza Armada, sino un núcleo de ella. Las reformas tienen un efecto movilizador, pero la sociedad va más lejos que cualquier visión burocrática. Por ejemplo, se reconocieron más sindicatos entre 1968 y 1975 que entre 1821 y 1968. Eso no fue simplemente voluntad del gobierno. Fue una presión social.
¿Y cuál es su impresión hoy de aquella reforma agraria velasquista?
Yo hago solo una pregunta. ¿Qué hubiera pasado en el Perú si aparecía Abimael Guzmán antes de la reforma agraria? ¿Qué habría pasado si cualquier famoso gamonal hubiese sido ajusticiado por estos de Sendero? ¿No se hubieran convertido en líderes de masas? Yo no digo que la historia se pueda escribir para atrás, pero acá todo se le quiere ver en orden ideológico. Entender las cosas es comprenderlas en su tiempo. Pero también hubo una gran contradicción entre la reforma agraria de Velasco y la política agraria de Velasco. Y eso tiene como base una realidad económica en la que el Perú fue perdiendo capacidad para traer inversión e invertir.
¿Qué tan antiimperialista fue el régimen militar?
En nuestro caso fue la experiencia más contundente porque es la única que se hizo desde el poder. En los años veinte el tema antiimperialista fue clave en Mariátegui y Haya, pero ese debate radical no se repitió así en los sesenta. El imperialismo en los sesenta se cosifica en la IPC. Ese era el símbolo.
¿La confiscación de los diarios en 1974 fue el mayor error del velasquismo?
Fue un grave error. No sé si el mayor, pero fue uno de los graves errores. De hecho, fue un error que acabó con la vida política de Héctor Cornejo Chávez, pero que tuvo que ver con esa lógica vertical y burocrática en la que se entendía toda la estructura del poder. Lo que se pretendió resultó siendo todo un sancochado peor de lo que había.
¿Qué cambió en la sociedad peruana con el gobierno de Velasco?
Cuando analizo la sociedad me olvido de los gobiernos porque las fechas no coinciden. En mi opinión, ya en los sesenta el Perú es otro Perú. Ya es un país urbano. Y al ser un país urbano, las instituciones y los aparatos construidos para un país desarticulado no pueden funcionar. ¿Acaso la competencia era posible cuando había gamonales? No, pues. El gamonal mataba, excluía, reprimía o encarcelaba a quien fuera a competir con él. Es obvio que la sociedad fue cambiando y cambió mucho antes de Velasco y, por tanto, hizo más 'necesario’ un cambio del que fuera.
¿Cómo se explica la aparición del general Francisco Morales Bermúdez?
Morales Bermúdez es producto de la crisis en los militares, que se da por la agudización de las contradicciones entre ellos, pero con un factor clave: la enfermedad de Velasco. Ese fue el principio del fin. Velasco tuvo que restringir sus horas de trabajo y, por tanto, apareció un hombre clave: el jefe de la Casa Militar. Y en función de ese poder se articulaban unos ministros que se enfrentaban a otros ministros. Si antes en el gobierno de Belaunde se enfrentaban dos poderes del Estado, los enfrentamientos en el gobierno militar eran dentro del Consejo de Ministros.
Velasco y el grupo de coroneles a su alrededor eran considerados nacionalistas. ¿Qué diferencias hay entre ese nacionalismo y el que hoy proclama Ollanta Humala?
Hay mucho tiempo de diferencia. Ollanta Humala es otra generación. No hay una lógica de continuidad con Velasco, aunque sean militares los dos. Pero creo que hay un elemento común: en ambos casos se ve lo democrático como segunda prioridad.
Cuando usted oye a Humala reivindicar la figura de Velasco, ¿qué piensa?
Que hay elementos en Velasco que tiene que rescatar cualquier peruano. Lo que no se podrá rescatar es elementos de democracia política y si uno es un demócrata tiene que repensar eso. Lo que ocurre es que en la historia del Perú hay pocas figuras rescatables. Vengo de una familia en la que se ha querido mucho a las Fuerzas Armadas, pero yo no olvido de que todo lo que tengo como figuras militares son héroes derrotados. No le hemos ganado la guerra a nadie.
¿Qué rescata en Velasco?
Rescato a una persona que vivió y murió pobre. Tuvo un enorme poder y no se quedó con nada. Rescato todo lo que hubo de valores en los oficiales de las Fuerzas Armadas. Es verdad que ni estaban preparados para entender valores democráticos centrales ni los expresaron, pero estaban muy seguros de una cuestión previa: para hablar de ciudadanía yo tengo que hablar de relaciones sociales más iguales. Al mismo tiempo, no puedo coger a un personaje de mediados del siglo XX y convertirlo en una propuesta para el siglo XXI porque han pasado muchas cosas y en el Perú todos se creen con derecho a ser cancerberos de los demás, a liquidar a los demás.
¿Siente usted que se ha sido muy injusto con la figura de Velasco?
No, porque ese es el destino que han tenido en el Perú todas las figuras. Ese ha sido el destino de Leguía y de Odría, que no han sido exactamente dos personas probas, pero ha sido el destino de la mayoría de personas probas también. La brutalidad de las contradicciones y de las distancias que hay en la sociedad hace que no haya un juicio justo y por eso yo me refugio en tratar de no ser el que catapulta a las personas ni en un sentido ni en otro.
Dígame, ¿usted cree que en estos cuarenta años el Perú ha mejorado?
Yo creo que por muchas razones el Perú ha mejorado. No voy a decir que fue solo por el régimen de Velasco, pero el Perú acabó una etapa de su vida (la oligárquica) que se resistía a acabar. Es verdad que se generaron una serie de comportamientos políticos y un Estado que volvió a fracasar varias veces. Sin embargo, el Perú es más integrado hoy día, el Perú no es un archipiélago hoy día, el Perú tiene posibilidades de discutir más de igual a igual, el Perú creo que tiene menos gente decidida a excluir al otro para poder salir adelante. Todavía faltan muchos elementos de integración, pero el gobierno militar tuvo la capacidad de cancelar el orden viejo y tuvo muchas limitaciones para construir el orden nuevo. Y permanentemente debiéramos poner la mirada en construir el orden nuevo. Esto genera preguntas incómodas que no debemos dejar de hacernos, como: ¿por qué un partido como el Apra pactó con Prado y con Odría?, ¿por qué fue imposible que pactarán Haya y Belaunde?
¿Y ya tiene una respuesta?
Por el caudillismo. Porque los caudillos no pueden aliarse y menos puede uno aliarse con el que es más joven y que le va a perdurar. Pero creo que esa es solo una dimensión de la respuesta. Hay que buscar las demás.
Algunos estudios señalan que en 1968 la Fuerza Armada se sentía frustrada porque venía de reprimir a las guerrillas y los políticos se negaban a hacer los cambios que el país reclamaba.
Eso lo he oído muchas veces y es cierto. Aquella generación de oficiales sí tenía una presencia nacional. No estaban sentados en Lima. Efectivamente, algunos de ellos combatieron las guerrillas, pero otros fueron enviados solo a reprimir. Recuerde que el primer gabinete de Belaunde cayó porque al premier ”scar Trelles lo acusaron de debilidad para reprimir una toma de tierras. Es que todavía en ese Parlamento había representantes de los gamonales.
En la bancada odriísta sobre todo.
Que en ese momento estaba aliada con el Partido Aprista. Hay que ponernos en el contexto. Al gobierno de Belaunde lo desestabilizaron a punta de censuras (a los ministros) hasta hundirlo. El Legislativo –controlado por la coalición Apra-UNO– fue atenazando e impidiendo la reforma agraria. Eso fue clave en el desgaste, aunque lo que más impactó fue la pérdida de la página once del contrato con la IPC.
La izquierda marxista acusó al régimen militar de ser un gobierno reformista burgués, mientras la derecha lo tildaba de comunista. ¿Qué fue para usted el régimen de Velasco?
Un gobierno de militares y clases medias que se propuso tomar en serio la reforma. Yo lo he llamado el tercer reformismo del siglo XX. El primero fue el aprista, el segundo fue el belaundista, pero ambos fracasaron frente al poder oligárquico, y Velasco expresó la reacción básicamente de las clases medias que en el Perú no pudieron surgir democráticamente. Cuando Julio Cotler habla de crisis política y populismo militar yo rechazo el concepto de populismo militar, porque Perón era un líder de masas. Pero Velasco no lo era.
¿Qué era Velasco?
Su primer discurso fue uno leído que decía 'sudaremos y sudaremos para salvar al país’. Es la única idea que salió el día de su juramentación. Pero es porque los militares se refugiaron en su institucionalidad para armar desde allí el cambio. Y eso tiene limitaciones. Yo no tengo dudas de que las reformas tenían efectos democráticos, pero no eran democratizadoras en el sentido político de la palabra, sino en el sentido social. Si yo desaparezco la servidumbre, pues creo condiciones para la democracia.
Velasco solía decir que la 'revolución peruana’ era irreversible, pero la reforma agraria o las comunidades industriales no tuvieron éxito. ¿Por qué lo irreversible fracasó?
Porque siempre somos capaces de hacer las cosas peor de lo que ya se hicieron (ríe). Además, ¿quiénes tenían esa voluntad de reforma? No fue la Fuerza Armada, sino un núcleo de ella. Las reformas tienen un efecto movilizador, pero la sociedad va más lejos que cualquier visión burocrática. Por ejemplo, se reconocieron más sindicatos entre 1968 y 1975 que entre 1821 y 1968. Eso no fue simplemente voluntad del gobierno. Fue una presión social.
¿Y cuál es su impresión hoy de aquella reforma agraria velasquista?
Yo hago solo una pregunta. ¿Qué hubiera pasado en el Perú si aparecía Abimael Guzmán antes de la reforma agraria? ¿Qué habría pasado si cualquier famoso gamonal hubiese sido ajusticiado por estos de Sendero? ¿No se hubieran convertido en líderes de masas? Yo no digo que la historia se pueda escribir para atrás, pero acá todo se le quiere ver en orden ideológico. Entender las cosas es comprenderlas en su tiempo. Pero también hubo una gran contradicción entre la reforma agraria de Velasco y la política agraria de Velasco. Y eso tiene como base una realidad económica en la que el Perú fue perdiendo capacidad para traer inversión e invertir.
¿Qué tan antiimperialista fue el régimen militar?
En nuestro caso fue la experiencia más contundente porque es la única que se hizo desde el poder. En los años veinte el tema antiimperialista fue clave en Mariátegui y Haya, pero ese debate radical no se repitió así en los sesenta. El imperialismo en los sesenta se cosifica en la IPC. Ese era el símbolo.
¿La confiscación de los diarios en 1974 fue el mayor error del velasquismo?
Fue un grave error. No sé si el mayor, pero fue uno de los graves errores. De hecho, fue un error que acabó con la vida política de Héctor Cornejo Chávez, pero que tuvo que ver con esa lógica vertical y burocrática en la que se entendía toda la estructura del poder. Lo que se pretendió resultó siendo todo un sancochado peor de lo que había.
¿Qué cambió en la sociedad peruana con el gobierno de Velasco?
Cuando analizo la sociedad me olvido de los gobiernos porque las fechas no coinciden. En mi opinión, ya en los sesenta el Perú es otro Perú. Ya es un país urbano. Y al ser un país urbano, las instituciones y los aparatos construidos para un país desarticulado no pueden funcionar. ¿Acaso la competencia era posible cuando había gamonales? No, pues. El gamonal mataba, excluía, reprimía o encarcelaba a quien fuera a competir con él. Es obvio que la sociedad fue cambiando y cambió mucho antes de Velasco y, por tanto, hizo más 'necesario’ un cambio del que fuera.
¿Cómo se explica la aparición del general Francisco Morales Bermúdez?
Morales Bermúdez es producto de la crisis en los militares, que se da por la agudización de las contradicciones entre ellos, pero con un factor clave: la enfermedad de Velasco. Ese fue el principio del fin. Velasco tuvo que restringir sus horas de trabajo y, por tanto, apareció un hombre clave: el jefe de la Casa Militar. Y en función de ese poder se articulaban unos ministros que se enfrentaban a otros ministros. Si antes en el gobierno de Belaunde se enfrentaban dos poderes del Estado, los enfrentamientos en el gobierno militar eran dentro del Consejo de Ministros.
Velasco y el grupo de coroneles a su alrededor eran considerados nacionalistas. ¿Qué diferencias hay entre ese nacionalismo y el que hoy proclama Ollanta Humala?
Hay mucho tiempo de diferencia. Ollanta Humala es otra generación. No hay una lógica de continuidad con Velasco, aunque sean militares los dos. Pero creo que hay un elemento común: en ambos casos se ve lo democrático como segunda prioridad.
Cuando usted oye a Humala reivindicar la figura de Velasco, ¿qué piensa?
Que hay elementos en Velasco que tiene que rescatar cualquier peruano. Lo que no se podrá rescatar es elementos de democracia política y si uno es un demócrata tiene que repensar eso. Lo que ocurre es que en la historia del Perú hay pocas figuras rescatables. Vengo de una familia en la que se ha querido mucho a las Fuerzas Armadas, pero yo no olvido de que todo lo que tengo como figuras militares son héroes derrotados. No le hemos ganado la guerra a nadie.
¿Qué rescata en Velasco?
Rescato a una persona que vivió y murió pobre. Tuvo un enorme poder y no se quedó con nada. Rescato todo lo que hubo de valores en los oficiales de las Fuerzas Armadas. Es verdad que ni estaban preparados para entender valores democráticos centrales ni los expresaron, pero estaban muy seguros de una cuestión previa: para hablar de ciudadanía yo tengo que hablar de relaciones sociales más iguales. Al mismo tiempo, no puedo coger a un personaje de mediados del siglo XX y convertirlo en una propuesta para el siglo XXI porque han pasado muchas cosas y en el Perú todos se creen con derecho a ser cancerberos de los demás, a liquidar a los demás.
¿Siente usted que se ha sido muy injusto con la figura de Velasco?
No, porque ese es el destino que han tenido en el Perú todas las figuras. Ese ha sido el destino de Leguía y de Odría, que no han sido exactamente dos personas probas, pero ha sido el destino de la mayoría de personas probas también. La brutalidad de las contradicciones y de las distancias que hay en la sociedad hace que no haya un juicio justo y por eso yo me refugio en tratar de no ser el que catapulta a las personas ni en un sentido ni en otro.
Dígame, ¿usted cree que en estos cuarenta años el Perú ha mejorado?
Yo creo que por muchas razones el Perú ha mejorado. No voy a decir que fue solo por el régimen de Velasco, pero el Perú acabó una etapa de su vida (la oligárquica) que se resistía a acabar. Es verdad que se generaron una serie de comportamientos políticos y un Estado que volvió a fracasar varias veces. Sin embargo, el Perú es más integrado hoy día, el Perú no es un archipiélago hoy día, el Perú tiene posibilidades de discutir más de igual a igual, el Perú creo que tiene menos gente decidida a excluir al otro para poder salir adelante. Todavía faltan muchos elementos de integración, pero el gobierno militar tuvo la capacidad de cancelar el orden viejo y tuvo muchas limitaciones para construir el orden nuevo. Y permanentemente debiéramos poner la mirada en construir el orden nuevo. Esto genera preguntas incómodas que no debemos dejar de hacernos, como: ¿por qué un partido como el Apra pactó con Prado y con Odría?, ¿por qué fue imposible que pactarán Haya y Belaunde?
¿Y ya tiene una respuesta?
Por el caudillismo. Porque los caudillos no pueden aliarse y menos puede uno aliarse con el que es más joven y que le va a perdurar. Pero creo que esa es solo una dimensión de la respuesta. Hay que buscar las demás.