Además:

Entre venenos físicos y espirituales

2008/09/12
Compartir

El martes pasado, llegar de Surco a San Isidro 'solo’ me tomó desde las 7:50 a.m. hasta las 9:10 a.m., es decir, nada más que una hora veinte minutos respirando vaya a saber cuántos venenos y escuchando, por RPP, unas rabietas políticas tanto o más venenosas que el aire que llegaba a mis pulmones. Doble polución, física y psíquica, una hazaña del mundo moderno y, además, en vivo y en directo. La diatriba se había generado por unas declaraciones del ex presidente Toledo que objetó, durante su última estadía en el Perú, la actual administración del país. Antes, cuando encendí el radio, dos congresistas, Mekler y García Belaunde, relataban hechos escalofriantes sobre ventas subvaluadas de terrenos. La respuesta oficial a todas las quejas la asumió el congresista Mauricio Mulder, quien acusó a Patria Roja y al Partido Nacionalista de calentar el ambiente y soliviantar a la gente. Les llamó a ambas agrupaciones “grupos radicaloides”, lo que en buen castellano quiere decir grupos en forma de radical. ¿Cuál es la forma de un radical?, me pregunté mientras respiraba monóxidos y otras basuras, y mi angustia existencial por no entender ni el tránsito ni las palabras del barbado legislador crecía hasta recordarme la promesa –que nunca cumpliré– de convertirme en un anacoreta ajeno a los ruidos de este mundo. Luego acusó a Toledo, como ya es parte del folclore local, de consumir etiqueta azul. Es extraño, pero siempre que atacan al ex presidente aparece una etiqueta que detrás de su color pareciera ocultar las peores intenciones políticas. Lo curioso de todos estos entuertos es que el Apra sigue la línea económica que algún día propuso Vargas Llosa, adoptó Fujimori y retomaron los dos gobiernos siguientes. No hay ninguna discusión de fondo sobre lo positivo y negativo de dicha línea, y todo parece reducirse a una puja por ganar créditos políticos. Es también curioso que, no habiendo podido ninguno de los dos últimos gobiernos lograr que el prometido 'chorreo’ calmara las iras populares, insistan en el argumento sin siquiera plantearse, aunque fuera como ejercicio intelectual, algunas dudas sobre el destino al que conducen dichas políticas. Ese dar por bueno, lo que a todas luces está lleno de baches para los que carecen de respuestas, me huele tanto a fundamentalismo que me veo obligado a preguntarme si no seré yo también un 'radicaloide’. En todo caso, consultaré con Mulder sobre qué forma tiene un radical para ver si tengo el formato físico que ellos pregonan como peligroso para las teorías económicas en boga. Ninguno de los expositores de esa mañana radial razonaba, solo racionalizaba, dos procesos del pensamiento profundamente diferentes. Razonar es elaborar teorías coherentes y verificarlas en la realidad. Racionalizar es un sistema aparentemente lógico que se basa en mutilaciones de la realidad, niega la verificación y solo justifica las creencias propias. Es propio de la política que la racionalización prime sobre la razón... Los resultados se reflejan en la realidad y en el bolsillo.