Domingo 27 de mayo del 2012 | 19°
Ya circulan algunos chistes vinculados a la crisis económica. Los de carácter machista no podían faltar, y este es uno: la situación económica es tan mala que ahora las mujeres se casan por amor. Y, luego, esta joyita que retrata la sociedad de la irracionalidad y el despilfarro en la que estábamos y estamos sumidos: Si usted invirtió mil dólares en acciones de Delta Airlines hace un año, ahora tiene en su haber solo 49 dólares. Si invirtió mil dólares en Fannie Mae, ahora le quedan solo 2.50 dólares. En cambio, si usted, en un arranque de hedonismo e inteligencia, hubiese invertido esos mismos mil dólares en cerveza, hoy tendría, con el producto de todas las latitas vendidas, nada menos que 214 dólares. La moraleja es: La mejor inversión actual es emborracharse. Y emborracharse duro para que el hígado les gane la mano a las finanzas destrozadas y uno se vaya de este mundo sin saber cómo termina la película. Borges decía que el drama de tocar fondo es comprobar que el fondo no existe. Y esto es lo que está ocurriendo, hasta hoy al menos, en EE.UU. Los efectos de la crisis, que algunos santos inocentes, reverendos ignorantes o interesados políticos han pretendido minimizar, siguen multiplicándose de una manera que escapa a la capacidad de previsión de quienes tienen a su cargo (lo que no quiere decir que lo cumplan) defender el bien común. Ya los economistas más célebres del momento, con varios premios Nobel incluidos, declararon la vacancia de ideas claras y de diagnósticos precisos sobre el derrotero que seguirá la crisis. La mayoría de los balances empresarios es de horror, y el número de empresas que cotizan en bolsa y que se declararon en quiebra es el último e impresionante regalo que el 2008 nos dejó para que lo descubriéramos en el flamante 2009. Por otra parte, el déficit presupuestario del primer trimestre del periodo 2008-2009 alcanzó los 485,200 millones de dólares. Cifra que supera el déficit inmediato anterior. Hay otras cifras que causan pavor y que, de alguna manera, dibujan la distancia que existe, al menos en algunos países, entre lo que la crisis demanda para ser superada y la capacidad de los estados para atender a esta demanda. En Francia, por ejemplo, el presidente Sarkozy anunció que el Estado aportará mil millones de euros para asistir a las automotrices Peugeot y Renault; pero lo que la Renault reconoce necesitar para sacar la cabeza de debajo del agua y trabajar correctamente asciende a nueve mil millones de euros. El FMI, que ha fertilizado con sus recetas el surgimiento de la crisis, ha calificado de “triste” (sic) el actual desbarajuste económico y financiero. Esta expresión debe ser un producto de la senectud de un organismo financiero al que le atribuyen, ahora, una nueva importancia pero que, de no cambiar su discurso, seguirá condenado y condenándonos a una permanente repetición de estos agujeros negros en los que hoy nos debatimos. En todo caso, no lo olvide: la cerveza sigue siendo una alternativa.