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Enrique Bohórquez: “Presentaron al 'Huerequeque’ y todos se pararon y aplaudieron”

2008/09/20

La película Fitzcarraldo (1982), de Werner Herzog, protagonizada por Klaus Kinski, relata la epopeya de un hombre en medio de la selva peruana. Interpretando al cocinero está Enrique 'Huerequeque’ Bohórquez, todo un personaje de la mágica ciudad de Iquitos, con quien conversamos.

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Cuando mi madre murió, mi padre se casó con una niña, una adolescente. Ahí vino el problema porque yo también era adolescente. Entonces, me fui. Yo tenía 14 años. Primero llegué donde una tía mía, en Huacho. Era mi tía Zoraida. A mi hija le puse su nombre. “Yo soy fulano de tal”. “¡Yo no recibo a ningún sinvergüenza!”, me dijo. Y me botó. Así que vine a Lima, donde mi otra tía, Beatriz. “¡Venga, mi chingolito!”. Ella sí me recibió”, cuenta 'Huerequeque’. Estamos en el restaurante Huerequeque, en Iquitos, a orillas del río. No nos deja rechazar las cervezas que la conversación requiere. Felizmente lo recibió. Pero su esposo era coronel de la Policía y él no me quiso recibir, porque tenía dos hijas. “¡Aquí no recibo perro macho!”. Lo estoy oyendo. Pero mi tía no me dejó irme donde mis paisanos que estaban en Huatica, donde había una prostitución espantosa. Hasta gringas había. Mi tía me dio un cuarto en el techo, donde resultó que su esposo criaba palomas. Y yo conocía las razas. Me puse a limpiar y, cuando llegó y encontró todo limpio, supo que fui yo. Ahí me convertí en su chochera. Pero era director de la escuela de Policía y quiso que fuera guardia. Me fui. Hui en la noche. ¿Cuándo llegó a Iquitos? En 1945, con 15 años. Mi hermano estaba acá como tractorista y me mandó mi pasaje. Y, bueno, ya me quedé aquí. Cuénteme de Werner Herzog, director de Fitzcarraldo. ¿Cómo lo conoció? Ellos vinieron acá, al restaurante. Vino el productor, que tenía la chancaca. Él necesitaba que le hicieran un barco encima de un árbol para una película llamada Aguirre, la ira de Dios. Y había que hacerlo de verdad. Entonces, le hablaron de mí, un borrachito que se llama 'Huerequeque’. Y vino y me encontró en la miseria, tomando. “Yo te hago 50 barcos”, le dije. Me dio 5 mil soles. Cuando me desperté al día siguiente: ¿y esta plata? Ya quedaste en hacerle un barco encima de un árbol. Mejor devuelvo la plata. Pero si ya te tiraste tres cajas de cerveza de la plata. Al final, ya, le hice el barco. ¿Cómo lo hicieron? Con gente de acá, gente humilde. Lo hicieron los indios. Yo les mandaba las cervezas nomás. Era un árbol enorme y más ancho que la cintura de una vieja. Hicieron una plataforma y, encima, el barco. Cuando llegó el director dijo “fantástico”. ¿Y cómo fue lo de Fitzcarraldo? Pasaron los años y un día aparecieron acá diciendo que iban a filmar Fitzcarraldo, que había mucho dinero y que necesitaban una parte entre ríos para jalar un barco de 500 toneladas. Bueno, le dije, puede ser en el río Cenepa con el Marañón. Alquilamos un helicóptero y fuimos y les gustó. Y salió. ¡Salud! Pero yo veía que el productor trataba mal a los aguarunas. Yo le dije que los tratara bien, pero no me hizo caso y le fue mal. Después, Herzog, en Múnich, me dijo llorando: “Si te hubiera hecho caso, no habríamos perdido más de cuatro millones”. Los indios le quemaron todo. ¿Y por qué actuó en la película? Herzog quería que yo actuara. Yo le decía que estaba loco. Pero mi hija quería que actuara. Sin embargo, un asistente holandés que él tenía me tiraba basura. “Qué va a saber este cholo”, decía. Y me cambió por Mick Jagger. Mick Jagger ha estado acá, en el restaurante. A él le estaban pagando miles de dólares y se había traído de Francia a una modelo que era un amor. Luego fueron al río. Pero habían cambiado el sitio por la unión de los ríos Camisea y Urubamba. El problema es que, ahí, los indios eran bravos, yaminahuas, altos, con penachos. Y ya habían matado a dos matsiguengas. Cuando Mick Jagger se enteró de todo esto, se largó. Otro actor, 'Resortes’, también había venido. Se quitó también. Ahí me llamaron a mí. Cuénteme de Klaus Kinski. Dicen que tenía una personalidad difícil. Era el protagonista. Un gran actor pero muy, digamos, egocéntrico. Que en paz descanse. Buen hombre. ¿Por qué lo eligió Herzog? Porque yo tenía las características del personaje. Y hablaba los dialectos de los indios. Y borracho hablo hasta japonés. Por último, acepté actuar. Y me llevaron a Camisea. Me hicieron mi diálogo y nos pusimos a filmar. Cámara, ¡acción! Ahí estaba Kinski…. ¡Stop! “Habla pues”. Pero si estoy hablando. “¡No hablas nada, pedazo de tarado!”. Es que la impresión de entrar a cámaras es fuerte. Yo no sabía qué hacer. En ese momento pasaron unos indios con una botella de cachaza –o sea, de trago– y me tiré un vaso. Cámara, ¡acción! “Oye, mira gringo…”. Le comencé a apretar el cuello a Klaus Kinski… ¡Stop, stop, stop! Se puso blanco. Es que me metí en mi personaje. Herzog dijo “cuando filme 'Huerequeque’, tienes que tener una botella para que no pierda la hilación”. ¿Y Klaus? Se hizo mi gran amigo. Él me quería… pero no sé si como maricón. Los mismos alemanes se admiraron de que fuéramos amigos. “¡'Huerequeque’, usted es mi amigo!”. Nadie le había oído decir algo así. Ni siquiera a su hija, Natassia, la trataba bien. También actuó Claudia Cardinale, ¿no es verdad? Una bella mujer. Estuve con ella acá, también en Italia. Su hijo era ingeniero. ¿Sabía que Claudia Cardinale nació en África, en las colonias que tenía Italia? Preciosa mujer. Cuando se hizo la premier de Fitzcarraldo, vino una comisión de Alemania para invitarme a Múnich. Fui en un 747. Eso fue en el año 1980. Qué viejo que estoy. ¡Salud! Llegué poco antes de mi cumpleaños a Múnich. ¿Llegó la premier? Sí. En un palacio. Mil y tantos invitados, todos con esmoquin. Como el Oscar. Y estos desgraciados llevaron al 'Huerequeque’ borracho. Vieron la película en la que salía yo hablando alemán. De pronto dijeron “vamos a presentar al 'Huerequeque’”. Se pararon y me aplaudieron. Y yo me puse a llorar. El maestro de ceremonias me vio y me dijo “di danke” –gracias en alemán–. Pero yo dije “¡prost!”. ¡Salud!