Además:

Enemigo a las puertas

2010/01/16
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Al igual que en el filme en el cual un soldado ruso frenó la ofensiva alemana en Stalingrado, el escenario político peruano requiere de un francotirador que le pegue un remezón y lo saque del curso hacia la mediocridad en el que se encuentra enrumbado. Así tenemos que, en las últimas dos elecciones, los planteamientos serios o imaginativos, presentados por candidatos, podrían ser contados con los dedos de una mano. Las campañas se basaron, más bien, en el insulto y en el ataque agraviado. Al final, en ambos casos, al electorado no le quedó otra alternativa que elegir al menos malo. En ningún momento, el pueblo fue iluminado con debates amplios sobre el rumbo que deberíamos seguir como nación. Fueron periodos de aburrimiento y temor para la población, en lugar de festejos democráticos. Desafortunadamente, la próxima campaña también se pinta decepcionante. El candidato que viene liderando las encuestas lo está logrando, literalmente, sin decir absolutamente nada. Así que la tendencia, en esta ocasión, será no hablar porque el ser mudo paga. Con lo cual, el electorado tendrá que decidir cuál de los silencios es el mal menor. Hay poca esperanza, a este paso, de poder votar por un plan de gobierno innovador y detallado. Por ello es que la posibilidad de que un candidato independiente, como Jaime Bayly, se lance al ruedo levanta entusiasmo, ya que podría sacudir este ambiente electoral tan acalambrado. En realidad, las posiciones políticas, en nuestro país, poco han variado en los últimos 50 años. Está el grupo de los que creen que las obras son amores y no pidas intelecto, ni explicaciones –que parecen calcados de Odría–, representados por el alcalde de Lima. Luego, tenemos a la izquierda cavernaria que se niega a aceptar que son una especie en extinción, quienes estarán, sin duda, agrupados y esperanzados detrás del candidato que finalmente sea elegido por el chavismo para ser su abanderado. Mientras que la derecha, si bien ha liberalizado su propuesta económica, mantiene una tendencia mercantilista en lo empresarial y un asfixiante conservadurismo en lo social. Al final, para los que creen en la modernidad y la libertad no parece existir oferta electoral. Ojalá que el ingreso de sangre nueva a la contienda genere un debate de ideas que evite que tengamos que sufrir nuevamente de un proceso aletargado.