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Los empresarios frente a la corrupción (parte II)

2009/06/09
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Frente a la corrupción como amenaza, en el Foro empresarial anticorrupción IPAE/ Proética se discutió sobre una cantidad de propuestas de empresarios que buscan que la integridad vaya de la mano con la competencia y el desarrollo. Una primera fue la creación de una “defensoría del empresariado contra la corrupción”, que canalice y gestione denuncias de corrupción del sector privado, suponiendo que una entidad privada especializada sería más exitosa que una empresa que se enfrenta sola a una mafia público-privada. Los propios gremios podrían solventar el funcionamiento de esta defensoría. Una segunda idea fue la elaboración y difusión de códigos de ética gremiales que establezcan estándares mínimos que las empresas debieran cumplir, así como ayudar a distinguir situaciones que a veces pueden ser confusas o que se asumen como normales siendo indebidas. Los gremios y entidades como IPAE, ADEX o la Confiep serían los medios a través de los cuales se podrían difundir buenas prácticas corporativas, tanto de empresas peruanas como iniciativas positivas de otras partes del mundo. Es claro que, en el peor de los casos, esta herramienta puede convertirse en un lastre o, al menos, en un 'saludo a la bandera’ si es que no llega a tener presencia en los actos y la vida de la empresa y, sobre todo, si es que no tiene manera de hacer efectivos premios y castigos. De ahí que es indispensable el involucramiento de todos los miembros de la empresa al elaborar e implementar el código. Podría pensarse inclusive en avanzar parcialmente, empezando por una 'declaración de compromisos’ y probando las herramientas más apropiadas a cada empresa. En tercer lugar, también se propuso la adopción de mecanismos de protección e incentivo a empleados, gerentes o directivos que denuncien actos de corrupción, los cuales pueden estar integrados al código de ética. Y, finalmente, otra iniciativa que se planteó insistentemente fue incidir sobre el Estado para lograr algunos cambios importantes en el sector público que permitan reducir la corrupción, como, por ejemplo, premiar a los buenos funcionarios, apoyar a la capacitación de aquellos que estén involucrados en sectores sensibles, mejorar la calidad de los procesos de adquisiciones y concesiones públicas, presionar por cambios en los sistemas de contratación y manejo de personal del Estado apuntando a instaurar la meritocracia. NOTA.- Es difícil escribir sobre corrupción sin referirme al brutal episodio de violencia en Bagua. Humo de balas, polvo y hedor de políticos soberbios, irresponsables y oportunistas nos dejan confusión y descreimiento en la política; malo, muy malo para nuestra democracia. Mis sinceras condolencias a las familias de los policías y de los civiles muertos.