Domingo 27 de mayo del 2012 | 22°
Los años de García han sido muy malos para la seguridad. Pésimos nombramientos en Interior han repercutido de manera negativa en la Policía. Todo esfuerzo de modernización en serio se ha abandonado, ha decaído el profesionalismo y se ha extendido la corrupción. Ello ha ocurrido en un periodo en que los retos han sido bastante mayores, dado el crecimiento y diversificación del narcotráfico, el deterioro de la seguridad ciudadana y la crisis de orden público; tres fenómenos cuyo crecimiento no puede atribuirse exclusivamente a las falencias de las fuerzas que los deben enfrentar, pero que, sin duda, podrían haberse contenido de mucho mejor manera de haber habido otro ambiente en el sector. Un conjunto de hechos se ha sumado en los últimos meses al deterioro de la PNP llevándola a la crisis. Primero, el agudo malestar interno por las malas condiciones de trabajo, que si bien, afortunadamente ,no terminó en una huelga, sigue muy presente en los suboficiales. Segundo, las rencillas y los celos del ministro con el director han generado un clima interno muy enrarecido. Muchos atribuyen a Octavio Salazar el seguimiento de inteligencia a Miguel Hidalgo, así como la difusión de hechos de su vida privada, los que por un reglamento disciplinario cavernario se convierten en faltas graves. (¡Qué legado, doña Meche!) En los quince años que sigo de cerca lo que ocurre en la Policía no recuerdo un solo caso en que un ministro nombre una comisión de generales, los más antiguos, para investigar a su propio director general. Menos, todavía, que ellos lo encuentren responsable y pidan su baja, dada la norma disciplinaria vigente. Ahora bien, el general director sigue en el cargo (porque ya que no tiene apoyo del ministro, lo tiene del presidente). En cambio, el teniente general Arturo Dávila, respetado en la institución y quien presidió la investigación, ha pedido irse a su casa al sentirse burlado. Dicen que hay otros altos oficiales furiosos (recuerden que a todo lo anterior se suma que 'GCs’ y 'PIPs’ atribuyen las desgracias actuales de la PNP al hecho de que tanto el ministro como el director sean 'GRs’). En este campo de batalla interno, como es obvio, lo que más sufre es la posibilidad de que la institución se aboque a hacer bien las tareas para las que existe. Finalmente, la cereza de la torta han sido las revelaciones de Giselle Giannotti de Business Track (BTR), diciendo que en la manipulación de los USB, para ocultar pruebas, no solo estarían el Poder Judicial y el Ministerio Público, sino que todo empezó en la Dirandro (que el actual director policial por entonces jefaturaba). Giannotti, encima, acusa a Hidalgo de haberle pedido hacer falsas imputaciones a cambio de beneficios judiciales. Cierto o no cierto, este escándalo no le hace nada bien a una institución en crisis.