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Ellas y el orgasmo esquivo

2009/10/21
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Sandra nunca ha hablado del tema con su esposo. Pero me escribe un extenso correo electrónico contándome su historia, y me pide que la publique. Y aquí está: “Mi vida sexual es un desastre, y aunque sé que la culpa es mía, no he hecho nada por cambiar porque me asusta la idea de compartir lo que me pasa con un extraño. Ni mi esposo, mi compañero durante diez años, sabe lo que siento, y entiendo que esto lo ha alejado de mí. Yo lo deseo y me excito, pero no consigo llegar al orgasmo, lo cual me deja mucha frustración y me hace pensar que no sirvo para nada, que no soy una mujer plena, que soy una cosa. Finjo muchas veces y, otras, le pido que pare, que no siga, porque tengo dolor. Es evidente que no lubrico tanto como quisiera, y eso me delata. Él se pone mal. Al comienzo se entristecía, hoy siento que me desprecia. He cumplido 34 años y presumo que con ayuda de un experto podría cambiar; sin embargo, no me atrevo a enfrentar este asunto con nadie. Es muy personal. Y si te escribo es porque leí aquella columna de las mujeres con demasiado deseo (hipersexuales) y me llené de pena, envidia y rabia. No sabes el vacío que siento, la angustia que a veces me invade y la cólera que tengo de no ser una mujer normal. Siempre he sido así, y nunca moví un dedo para que ello cambiara. Tenemos un hijo de cinco años y no me gustaría que mi matrimonio se rompa… Él ya se ha cansado de mí, casi estoy segura de que tiene una amante, ya no me busca en la cama, y son muchas las ocasiones que me grita ¡frígida! en medio de cualquier discusión doméstica. Es terrible lo que me pasa, y me siento cada vez peor porque algo muy fuerte me impide buscar una solución. No sé si me atreva a ir a un médico. En todo caso, quizás otras mujeres pasan por lo mismo. Yo les diría que no arruinen su matrimonio así. El sexo es muy importante. Ojalá pudiera vencer esta barrera y ser una mujer de verdad”. La anorgasmia es una disfunción sexual que afecta a cada vez más mujeres en el mundo. Lamentablemente, es un tema que la mayoría no aborda por vergüenza o por desconocimiento. Al igual que Sandra, muchas creen que es un tema íntimo y sin solución. Gran error. Pero, ¿qué es la anorgasmia? En primer lugar, es preciso remarcar que no se trata de frigidez. Una mujer anorgásmica tiene respuesta sexual, es decir, se excita, se erotiza y puede lubricar…Pero no llega al orgasmo, o tiene demasiada dificultad para ello, lo cual le genera frustración. Una mujer frígida, según la sexóloga Helen Singer Kaplan, “siente poco o ningún placer erótico ante los estímulos sexuales”. Este tipo de fémina viviría feliz y aliviada si el sexo no existiera. Tipos de anorgasmia según el doctor Diego Romero, creador del portal Vistamédica.com: rimaria: Nunca ha tenido orgasmos, ni a través del coito ni la masturbación. Secundaria: La sufre aquella mujer que, tras una época de haber tenido orgasmos con normalidad, deja de experimentarlos de forma sistemática. Absoluta: Cuando no es capaz de alcanzar el orgasmo mediante ningún procedimiento. Relativa: Cuando obtiene el orgasmo de una forma determinada. Ejemplo: solo con la masturbación. Situacional: Cuando llega al orgasmo solo en determinadas circunstancias. ¿POR QUÉ SOY ASÍ? A lo largo del correo electrónico, Sandra pregunta por qué es así, por qué el orgasmo le resulta esquivo, inalcanzable. Solo el 5% de casos tiene que ver con causas orgánicas: enfermedades como la diabetes, por ejemplo. El resto, la mayoría, debe su situación a problemas psicológicos: experiencias sexuales traumáticas, condiciones culturales negativas, falta de concentración, angustia, tensión, depresión, monotonía en las relaciones y aburrimiento, temor o culpa sexual. A ello habría que sumar el miedo a perder el control de sus sentimientos durante el orgasmo, el desconocimiento de su cuerpo y los prejuicios. S.O.S. La terapia sexual ha demostrado que el 95% de casos de anorgasmia puede superarse. Es importante la participación de la pareja, la comprensión y la tolerancia. Durante el tratamiento, la mujer recibe orientación, información, educación sexual, aprendizaje de la respuesta sexual, y da el paso para conocerse a través de la exploración corporal. Pero el éxito depende fundamentalmente de reconocer que hay un problema, que algo está mal, que la triste realidad puede cambiar. Negar o ignorar el asunto puede ser dramático y, a la larga, desencadenar en una penosa y asfixiante frustración. El placer incompleto no es saludable para la pareja, y en ocasiones –demasiadas en realidad– puede acabar por romper el vínculo amoroso. Quizás sirva entender que Sandra y otras mujeres anónimas no son minoría. The Second International Consultation on Sexual Medicina publicó una reciente revisión de 34 estudios que revelan increíbles cifras de anorgasmia: entre el 20 y el 50% de mujeres padece esta disfunción. OTROS CULPABLES. Un completo artículo en El Universal de México sobre la anorgasmia señala que un compañero inhábil o avaro en las caricias, con eyaculación precoz o con disfunción eréctil, también puede frustrar el goce. En esa línea, no es secreto que el machismo, la cultura falocéntrica y la imposición juegan en contra. No sé cuándo Sandra se atreva a perder el miedo. Esta columna busca abrirle los ojos y recordarle que es una mujer joven que puede disfrutar del sexo, que está a tiempo de dar vuelta a la página y entregarse al placer para sentirse plena. Quizás su pareja no esté en su futuro, quizás la paciencia ya se le agotó, quizás nunca fue un buen compañero… Solo Sandra lo sabe. Ahora, ella es lo más importante. Decidir que no te quedarás en ese abismo de frustración es el segundo paso que se debe dar luego de aceptar que algo está mal en tu cama… y, sobre todo, en tu cuerpo.