Sobre sexo | Mié. 14 oct '09

Ella quiere demasiado sexo

Autor: Esther Vargas
Una mujer con un elevado deseo sexual no es una 'comehombres’. Y tampoco, necesariamente, una adicta al sexo capaz de consumir lo primero que se encuentre. Que sea fogosa, complaciente, que se masturbe cuando su amante no está, que experimente poses sin pensar en que su hombre la cuestionará, y que siempre esté dispuesta a sentir, no la hace una desquiciada del sexo, una enferma.

Que un orgasmo sea ninguno no es razón para decir que esa dama es una ninfómana en ese tono peyorativo que se suele imprimir a la palabra. Ninfómana, sin duda, es un término que vende bien y que, a menudo, está en la boca de muchos, aunque los sexólogos modernos se empeñen en remarcar que no han conocido a tantas pacientes a lo largo de sus carreras. Incluso, varios renombrados expertos señalan que no han tratado a una sola. Ellos creen que en torno a esta mujer supuestamente devoradora e insaciable hay más mito griego, y literatura, que verdad. El maestro Alfred Kinsey decía: una ninfómana es simplemente “alguien capaz de tener más sexo que tú”. Nada para aterrarse.

El término más adecuado para el deseo desaforado no es fuego uterino, como se decía hace muchísimos años, sino hipersexualidad. Al parecer, un 6% de la población tiene esa conducta. De esta cifra, apenas el 2% es mujer. En la mayoría de casos, hombres y mujeres no alcanzan el orgasmo, lo cual hace que se dispare en ellos una búsqueda constante de placer.

La realidad tiene más de fantasía, fantasía masculina. Hojea los avisos clasificados para adultos de cualquier diario, del Perú y del mundo, y encontrarás colegialas ninfómanas, ninfómanas amateurs, orientales ninfómanas, negras ninfómanas… Hay para el más inesperado gusto: 'googlea’ y te toparás con peruanitas dizque deseosas. 'Bisnes’ son 'bisnes’. Sus ganas tienen precio, pero ¿son tan ardientes como para no cobrarte un segundo o tercer round?

Las mujeres con un desbordado deseo no son peligrosas, descartables o capaces de naufragar por culpa de sus ganas. Ya basta de exageraciones.
“Si una persona desea mantener relaciones sexuales consentidas, nadie debe etiquetar cuánto es mucho o poco. Para algunos, tres veces por semana será mucho y, para otros, seis será sinónimo de escasez. ¿Son 15 encuentros sexuales demasiados? ¿A quién no le gustaría experimentar un frenético ritmo sexual durante una temporada?”, preguntan los sexólogos M. Péres J., J. Borras y X. Zubieta, de Soitu.es.

Mujeres que esperan tres orgasmos y no se duermen hasta saciarse reflejan una necesidad y no, estrictamente, algún grado de hipersexualidad para alarmarse. El problema se suscita cuando el deseo sexual domina la vida y todos los pensamientos al punto de interferir en la cotidianidad. En estos casos, el tratamiento es similar al que se sigue en cualquier adicción: terapia.

“Una paciente con deseo sexual normal alto tiene una motivación sexual elevada (generalmente dicen necesitar de al menos una relación sexual o masturbación diaria) pero, a diferencia de la adicta sexual, siente satisfacción en sus encuentros eróticos, puede controlar sus pensamientos y sus conductas sexuales, en caso de ser necesario, y no siente que el deseo sexual sea un problema ni algo que genere emociones negativas”, explica el sexólogo Ezequiel López Peralta.

El especialista advierte que la adicción perniciosa al sexo suele confundirse con el deseo sexual normal alto. “Muchas pacientes vienen a consulta con un autodiagnóstico. 'Soy adicta al sexo’, dicen. Y si el psicoterapeuta no tiene los criterios correctos, puede confirmar ese diagnóstico y producir consecuencias que podrían evitarse”, sostiene.

Algunas señales para preocuparse: masturbación compulsiva varias veces al día durante años, reducción de toda relación heterosocial a contactos obsesivos (sexo dependencia), exhibicionismo, voyeurismo, llamadas obscenas, violación, pedofilia, incesto y abuso sexual.

Causas de la hipersexualidad:
-Lesiones en la zona límbica del encéfalo por tumores o por accidentes angioencefálicos.
-Estados psicóticos: psicosis maniaco-depresiva y, en algunas, esquizofrenia.
-Tendencia a buscar el afecto a través del sexo.

Dejemos de soñar con ninfas griegas o de asustarnos cuando una chica pide más. Si ella vive su sexualidad al máximo, bienvenida, y a gozar. Los extremos perniciosos –que, además, son muy raros– son los que deberían preocuparnos. Por lo demás, es hora de aceptar: si tú te duermes al primer orgasmo y ella permanece despierta, inquieta y deseosa, no es ninguna ninfómana sino una mujer con deseo elevado que espera más de su amante. Si se aburre de esperar que regreses a la vida y comienza a masturbarse, no brinques de la cama. Sonríe y cuestiona un poquito tu vitalidad. El mundo no se ha acabado. Ella no te comerá. Posiblemente, aguardará que te pongas operativo, y a seguir...

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