Domingo 27 de mayo del 2012 | 22°
Elizabeth Espino (21) confesó haber planeado el asesinato de su madre. Se acusa de lo mismo a Eva Bracamonte. Ambas madres tenían personalidad dominante, eran adineradas y se oponían a las parejas escogidas por las hijas. Eva ‘amaba’ a una chica pobre y homosexual; y Elizabeth a un joven supuestamente de malvivir y que le exigía dinero. Las muertes de sus progenitoras las convertirían en herederas. Aquí planteamos varias hipótesis en relación con estas dos jóvenes acusadas de matricidio: Poseían en su mundo interno aspectos fusionados con sus madres, de tal manera que cuando no había motivo de conflicto, podían aparecer como una madre y su niña plenas de amor. Pero frente a una situación de conflicto, se armaban pleitos de gran violencia y ataques mutuos. Las fallas graves en la provisión de amor en su primera infancia hizo que estas jóvenes paralizaran su desarrollo emocional. El odio y el instinto de destructividad que traemos al nacer no fueron reducidos con suficiente bondad y paciencia. La bomba de odio permaneció escondida. Ellas continuaron viviendo ‘como si’ fueran normales, salvo cuando tenían conflictos con sus madres. Sus padres no tuvieron el desarrollo emocional suficiente como para darse cuenta de que los comportamientos violentos eran una señal de que algo grave ocurría. Cuando ellas encuentran a alguien que ‘las ama’ sienten que ya pueden enfrentarse a las poderosas madres –de la cuales dependían emocional y económicamente–. Como se encuentran fracturadas por dentro, adjudican a la persona amada todo lo bueno; y a la madre, todo lo malo, de tal suerte que ‘el objeto malo’ puede ser eliminado sin dolor o culpa alguno. Por grave problema en la crianza no pudieron tampoco grabar en su psique normas morales. Es en los hogares donde se fabrican los seres que aman bien o los que se vuelven malvados y crueles.