Domingo 27 de mayo del 2012 | 22°
LA PAZ (EFE).– El Ejército de Bolivia entró ayer en Pando para asegurar el estado de sitio en la región, en una jornada en la que la oposición lanzó “señales de buena voluntad” para el diálogo con el Gobierno de Evo Morales, que sin embargo las consideró insuficientes. En una operación desarrollada de madrugada, las Fuerzas Armadas entraron en Cobija, la capital de la región norteña de Pando, para tratar de pacificar el escenario de los episodios más graves de la ola de violencia que ha sacudido a Bolivia en los últimos días. En las cercanías de esta capital, un enfrentamiento armado entre civiles se ha cobrado al menos 30 víctimas, según los últimos datos facilitados por el Gobierno de Evo Morales, que decretó el estado de sitio en Pando ante la violencia desatada en la zona. A pesar de que se temía más violencia con la entrada del Ejército en Cobija, ayer no se ha informado de fallecidos o heridos hasta el cierre de esta edición. Para evitar mayores confrontaciones en la zona, el prefecto de Pando, Leopoldo Fernández, anunció que ha pedido a los habitantes de su departamento que acepten, “aunque nos duela”, el estado de sitio impuesto por el Gobierno. Pero lo que no aceptará Fernández (opositor y autonomista) es que lo detengan como el sábado anunció el Gobierno, que lo acusa de ser el responsable de la “matanza” y “genocidio” ocurrido en Pando. Mientras, el bloque opositor que conforman los dirigentes de las regiones autonomistas de Bolivia (Santa Cruz, Beni, Pando, Tarija y Chuquisaca) quiso dar “señales de buena voluntad” al Gobierno y anunció el fin de los cortes de carreteras que durante varias semanas han bloqueado las comunicaciones en el sureste del país. Branco Marinkovic, presidente del Comité Cívico de Santa Cruz, confió en una respuesta positiva del Gobierno ante estas señales. Pero desde La Paz, el viceministro de Coordinación con los Movimientos Sociales, Sacha Llorenti, consideró insuficiente el fin de los bloqueos y exigió la devolución de las instituciones estatales que se han tomado en los departamentos opositores. Desde Caracas, el presidente venezolano, Hugo Chávez, volvió a reiterar que no se quedará “con los brazos cruzados” si derrocan a Evo Morales y acusó al jefe de las fuerzas armadas de Bolivia, el general Luis Trigo, de no obedecer las órdenes del mandatario indígena. Pero en la Paz, el ministro de Defensa de Bolivia, Wálker San Miguel, salió en respaldo del general Trigo y aclaró que su país no necesita intervención extranjera para resolver sus problemas internos.