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Durmiendo con el enemigo

2009/09/20
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Es difícil encontrar un objetivo legal al movimiento cocalero. Si tuviera como meta apoyar la sustitución de cultivos y la erradicación de la coca entonces debería de recibir todo nuestro apoyo. Pero la realidad es exactamente la contraria. Se opone, violentamente, a cualquier intento gubernamental o internacional para reducir la producción. Asimismo, la militancia del movimiento está concentrada en el Huallaga y en zonas cercanas, en las cuales la totalidad de la producción de hoja de coca va dirigida a la droga. El consumo tradicional de coca en nuestro país –alrededor del 10% de la cosecha nacional– se satisface con creces con la producción formal que existe en el Cusco. Por tanto, no tenemos duda alguna de que el movimiento cocalero no es otra cosa que una fachada de apoyo al narcotráfico, con quienes tienen una relación de dependencia absoluta al ser los únicos compradores de las cosechas de sus seguidores. Por otro lado, la desvergonzada complicidad de la clase política peruana con congresistas que apoyan abiertamente actividades delictivas, como Nancy Obregón, está enviando señales nefastas a la población. Hoy estamos reportando que los habitantes de un poblado en el VRAE se enfrentaron a perdigonazos a la policía para proteger a un narcotraficante. Esto último no debería sorprendernos en absoluto, ya que aceptamos un estándar moral devaluado y avalamos que una congresista impida labores policiales de erradicación de coca. No le cuestionamos la violencia física y verbal, nos hacemos de la vista gorda ante la presencia de pozas de maceración en su zona, le permitimos a su marido amenazar e intimidar a los alcaldes locales que promueven la sustitución. Si se consiente todo eso, por cálculo electorero, cómo evitar que los habitantes de las zonas cocaleras actúen igual que su parlamentaria. Con la inacción del Congreso se está fomentando el desgobierno. Ahora bien, en el caso de Humala es evidente que hace tiempo se acostó con los cocaleros. Quién sabe cuántas Obregón y Malpartidas tendrá en sus listas. Asimismo, qué tanto aportarán en financiamiento. Incluso, al tratar de darle un aire de formalidad a esa turbia relación, con absurdas propuestas como el comprar toda la producción de coca con dinero de todos los peruanos, solo confirma que si algún día fuera elegido las cocaleras serían zonas liberadas del narcotráfico, como aspiran claramente sus correligionarias. Por demás está decir que la evaluación de Obregón, en la comisión de ética de su partido, será un saludo a la bandera. Sin embargo, lo realmente alarmante es que bancadas como la de Unidad Nacional, el grupo fujimorista, Acción Popular, UPP, Perú Posible entre otras, también parecen querer convivir con el narcotráfico. En las últimas semanas, las escandalosas denuncias sobre las 'hazañas’ de la congresista Obregón no han generado mayor reacción, y menos la sanción que uno asumiría que exigirían honestos parlamentarios. Muy por el contrario, la gran mayoría de ellos la está apañando en un vergonzoso espectáculo que no podría dar un peor ejemplo a la nación.