Sábado 26 de mayo del 2012 | 19°
Revolucionario, viajero, tuberculoso, con una vida de apenas 39 años, Federico Chopin aparece con frecuencia como un ejemplo del artista romántico. Hoy, 22 de febrero, se celebra oficialmente en todo el mundo el segundo centenario de su nacimiento, y es natural. A diferencia de otros compositores, su nombre se ha vuelto popular tanto por sus conciertos de piano como por sus valses, mazurkas y polkas. No menos conocida es su relación con George Sand, quien escribió una novela bastante ofensiva, Lucrezia Floriani, donde Chopin aparece como un pobre niño que necesita de los cuidados de una mujer fuerte. La relación entre ambos, que le ha dado algo de su fama a Mallorca, duraría ocho años. Ambos parecían estar de acuerdo pues desde que se conocieron, ella se quejó de que él era demasiado femenino y él de que ella resultaba demasiado varonil. George Sand diría: “Hace siete años que vivo como una virgen”. El cine los ha reproducido en versiones distintas, y uno de los últimos actores que ha personificado a Chopin es Hugh Grant. Aunque parece que nunca tuvo un profesor de piano propiamente dicho, Chopin se convirtió en un gran pianista y en un gran compositor para piano. Entre sus apuntes puede verse una frase que sería útil para cualquier artista: “La mano derecha puede desviarse del compás, pero la mano izquierda debe tocar con apego a él.” Lo graficó así: “El tronco es el compás inflexible, pero las hojas que se mueven son las combinaciones melódicas”. Quizá esa la única regla del arte –y de la vida–: la de usar siempre las dos manos, una siguiendo el compás y la otra desviándose.